La "ciudad humanitaria"
Hoy en día los poderosos bautizan sus proyectos con nombres efectistas que no arruinan la estética de los titulares, pero esconden realidades sangrantes

Actualizado el 15/07/2025 a las 23:42
El ministro de defensa israelí, Israel Katz, quiere establecer lo que llama “Ciudad Humanitaria” en el sur de la Franja de Gaza, para lo que ha ordenado (y hecho ejecutar) la destrucción total de una gran extensión de Rafah, en la frontera con Egipto. Donde antes se levantaban miles de viviendas, ahora las imágenes por satélite muestran extensiones de suelo raso. Quienes vivían ahí se han quedado sin nada y lo mismo les ha pasado a más de un millón de personas en toda la franja que han visto sus casas reducidas a ruinas.
En ese espacio, Katz planea levantar un campo que en una primera fase alojará a 600.000 palestinos de Gaza. Allí están los puntos de distribución de alimentos que desde hace varios meses funcionan a cargo de una fundación estadounidense con protección militar israelí y que se han convertido en una trampa mortal para los habitantes de Gaza.
El ejército de Israel ha reconocido que ha disparado contra civiles desarmados en esos puntos porque se acercaban peligrosamente a sus posiciones, y lo mismo han dicho los contratistas privados que dan seguridad a la fundación que reparte los alimentos. Han muerto al menos 615 personas en los últimos tres meses de esa forma.
Una vez en la “Ciudad Humanitaria”, Katz espera poder controlar y “desradicalizar” a los palestinos como paso previo a su destierro a terceros países sin determinar. Con el tiempo, el plan prevé que el campo que se está preparando acoja a toda la población de Gaza dejando libre el resto del territorio para que lo ocupe Israel.
Llamar a semejante plan “humanitario” es verdaderamente cínico. Hoy en día los poderosos bautizan sus proyectos con nombres efectistas que no arruinan la estética de los titulares, pero esconden realidades sangrantes que nadie quiere ver porque parece que no deberían producirse en este siglo entre gente civilizada.
Hay quien no se atreve a hablar de campos de concentración o de desplazamiento masivo de población o de limpieza étnica de un territorio, y menos cuando está en medio Israel como actor principal. Pero es una realidad patente que ahora mismo afecta a dos millones de civiles que se podrían ver finalmente expulsados de su tierra.
En Gaza han muerto 200 periodistas desde que estalló la guerra, la mayor parte de ellos fotógrafos y cámaras. Los corresponsales extranjeros tienen muchos problemas para entrar. Los medios occidentales no tienen ojos para ver lo que está pasando. Las bombas se han ensañado también con médicos y hospitales, que hacen el recuento de víctimas. El bloqueo total de alimentos de los últimos meses ha provocado muertes por desnutrición que se unen a las de los bombardeos y los disparos.
Las fotografías de los niños pequeños convertidos en esqueletos con piel no salen de Gaza, como en su día salieron de África y provocaron un movimiento mundial de solidaridad, al menos durante un tiempo. La desesperación de las madres que no tienen leche para alimentarlos ni pueden conseguirla por el bloqueo, tampoco. Y eso no lo está provocando una sequía incontrolable o un desastre natural. Está sucediendo por las decisiones conscientes de unos políticos en una sociedad desarrollada como respuesta a un ataque terrorista brutal, es cierto, pero por el que está pagando la población civil inocente de una manera absolutamente desproporcionada.
Y con todo su despliegue bélico, que ha causado la muerte de más de 56.000 personas en Gaza, Israel no ha logrado liberar a los rehenes que tomó Hamas el 7 de octubre de 2023 ni derrotar a la organización palestina. Hasta el momento, la inmensa mayoría de los rehenes recuperados (148) lo han sido por negociaciones durante épocas de alto el fuego y sólo 8 han sido rescatados por el Ejército israelí.
Olga Brajnovic. Periodista