Martín de Rada: pamplonés en la China de los Ming
"Martín de Rada puede ser una figura-puente entre la historia y los desafíos contemporáneos: desde la internacionalización de nuestras empresas hasta la proyección de Navarra como actor diplomático no estatal"

Publicado el 09/07/2025 a las 05:00
En Pamplona, julio es un mes que se asocia a un navarro universal: San Fermín. Pero creo que es justo reivindicar la memoria de otro pamplonés, Martín de Rada, que un 5 de julio de 1575 desembarcaba en las costas de la provincia china de Fujian y el 7 obtuvo —junto con el resto de la misión que había partido el 12 de junio de Manila— el salvoconducto que, finalmente, los llevaría diez días después a la capital provincial, donde fueron recibidos por el gobernador, en lo que constituyó la primera “embajada” de la Monarquía Hispánica al Imperio de los Ming. No es este el espacio para tratar sobre las vicisitudes de aquella misión y de cómo fracasó —en gran parte— debido al choque cultural y al enfoque de las autoridades de Filipinas que fue clave en la ruptura de cualquier tipo de acuerdo sino-castellano. Lo que interesa destacar aquí es cómo el nombre de Martín de Rada está asociado a la “empresa de China”. Un proyecto que evoluciona desde los planes de conquista —Martín de Rada lo propondría en 1569— hacia el entendimiento impulsado desde la corte, como así se recoge, por ejemplo, en las instrucciones para el gobierno de Filipinas, fechadas en Aranjuez en 1574, que explicitan que la política a seguir con China debía ser la recogida de información estratégica, favorecer los flujos comerciales y la migración de chinos hacia Manila. Parece que, en lo esencial, no han cambiado tanto las cosas.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
A diferencia de tantos embarcados en las aventuras de ultramar, la visión de Martín de Rada estaba marcada por la curiosidad científica. Su misión en China, aunque breve, dejó testimonio de una figura singular que podría hoy inspirar una acción exterior: paciente, sensible a los matices, capaz de reconocer la densidad histórica del otro y, lo más importante, con capacidad para cambiar de opinión ante la evidencia. Martín de Rada elaboró un detallado informe tras su viaje a China sobre el Imperio Ming, su organización social y su sistema político. Su legado no solo fue el de confirmar que la Catay de Marco Polo era lo que en aquel presente se conocía como China, sino —y más importante— señalar que, en realidad, su verdadero nombre era Taybin (transcripción de Daming, “el Gran Ming”). Esta apreciación lo convierte en el primer occidental en señalar que China tenía una historia propia, con lo que eso conllevaba. En sus escritos se anticipa un espíritu del conocimiento que precede a otros grandes sinólogos occidentales como Juan González de Mendoza, Diego de Pantoja o Mateo Ricci.
Este julio de 2025, al cumplirse el 450 aniversario de aquel desembarco en Fujian, en Fundación Qili Fundazioa creemos que es importante reivindicar esta figura y sacarla más allá de los círculos académicos especializados. Sacarla de una manera que esté presente en todas nuestras actividades. Este espacio, que generosamente nos cede Diario de Navarra, será la primera actividad de un año que concluirá el 12 de junio de 2026 y aspira a que su legado sea el símbolo de una relación con China basada en el conocimiento mutuo y la cooperación.
La política exterior de Navarra hacia China, hoy articulada en torno al Plan Internacional de Navarra, tiene una oportunidad única para reivindicar este capítulo inaugural de las relaciones entre España y China. Martín de Rada puede ser una figura-puente entre la historia y los desafíos contemporáneos: desde la internacionalización de nuestras empresas hasta la proyección de Navarra como actor diplomático no estatal.
Reivindicar a Rada no implica mitificar el pasado, sino leerlo con las herramientas del presente. En tiempos de desconfianza global, la figura de un navarro que hace 450 años trató de comprender a China puede recordarnos que el diálogo entre civilizaciones, y la comprensión del otro, no es un lujo académico, sino una necesidad política y social.
Andrés Herrera Feligreras. Fundación Qili Fundazioa