El precio de Navarra
Navarra ya no es solo una tierra probeta de pactos peligrosos, sino también el epicentro de una presunta organización criminal, de la peor corrupción: moral, política y económica

Publicado el 05/07/2025 a las 05:00
Desde el PP lo venimos denunciando desde el primer minuto y no hemos parado de decirlo alto y claro: el blanqueamiento de EH Bildu en las instituciones por parte de los socialistas fue una decisión calculada que abrió la puerta a la actual crisis del Partido Socialista en Navarra y en el conjunto de España.
Todo empezó en 2019, cuando María Chivite accedió a la presidencia del Gobierno foral gracias a un pacto con los bilduetarras, clave para su investidura. Desde entonces, Navarra se convirtió en el banco de pruebas preferido de Santos Cerdán y Pedro Sánchez, del PSOE en definitiva, para normalizar unos acuerdos que cruzan todas las líneas rojas democráticas posibles y que, con el tiempo, han exportado a la política nacional. Durante décadas, los partidos constitucionalistas compartimos una regla no escrita, pero sagrada: con quienes no condenan de forma explícita los crímenes de ETA, no ayudan a esclarecerlos ni piden perdón por los crímenes a sus víctimas, no se pacta.
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Pactar sin exigir esa reparación es dar la espalda y maltratar a las víctimas del terrorismo, desdibujando las bases éticas de nuestra democracia. Es una corrupción moral inaceptable. Porque la corrupción del PSOE es primero una corrupción moral, luego política y finalmente económica.
El objetivo era el dinero, como estamos viendo estos días de forma descarnada. Luego el poder, porque sin él no podían robar. Y en la base de todo ello la corrupción moral, porque cuando se empieza perdiendo el más mínimo respeto a los que defienden la Constitución y no se condena a los que la atacan, se acaba pactando con los segundos y acordonando a los primeros, paradójicamente.
Se acaba buscando, en definitiva, acorralar al Estado —desde el propio Gobierno, algo gravísimo en democracia— para seguir robando y estando en el poder. No gobernando, sino estando sólo asentados en el poder. Se acaba siendo como aquellos con los que se pacta: corrupto en lo esencial de la vida, que son los valores y las acciones, son los principios y los comportamientos.
El PSOE ha cruzado una línea a la que será muy difícil volver al otro lado de nuevo, porque su corrupción es moral: estamos, en realidad, ante una crisis de valores. El objetivo era establecer para siempre un cordón sanitario contra los partidos constitucionalistas de derechas, blanqueando a partidos sin legitimidad democrática, como EH Bildu, y, mientras, perpetuarse en el poder para robar a los navarros y a los españoles su dinero, lo que es suyo, algo que con tanto esfuerzo les cuesta ganar y luego pagar sus impuestos.
La alianza con EH Bildu no sólo fue una claudicación ética, que lo fue y en toda regla, repugnante y vergonzante. Fue, asimismo, el inicio de una decadencia institucional que ha sido puesta de manifiesto de manera palmaria tras conocerse el informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, siempre fiel a la ley y fiel a la Constitución. Una Guardia Civil que es garantía del cumplimiento de esa ley y de la unidad de nuestro país, algo esencial en Navarra que también ha sido puesto en duda y atacado por los mismos que estaban en paralelo metiendo la mano en la caja de los navarros. Por algo no quieren a los guardias civiles aquí. Para poder hacer y deshacer a su antojo.
¿Se blanqueó a los bilduetarras para facilitar el saqueo de las arcas públicas? El informe de 490 páginas del cuerpo policial ha revelado una red de mordidas y comisiones en contratos públicos que afecta de lleno al entorno del PSOE, tanto en la Comunidad foral como en el resto de España.
Llenarse los bolsillos fue el verdadero motivo para echarse en brazos de los proetarras y el poder a toda costa, un medio para ello. Navarra ya no es solamente una tierra probeta de pactos peligrosos, sino también el epicentro de una presunta organización criminal, de la peor corrupción: moral, política y económica, en ese orden.
Chivite no puede seguir al frente del Gobierno de Navarra. Su autoridad está moral y políticamente invalidada, tiene que asumir sus responsabilidades políticas, pero eso es mucho pedir a quien nunca ha asumido responsabilidad alguna porque su propia llegada al poder es una irresponsabilidad. Pactaron con quienes no debían, traicionaron a las víctimas y, con ellas, a todos los navarros y a todos los españoles.
Y ahora vuelven a estar salpicados por escándalos que nos retrotraen a épocas pasadas más de 30 años atrás, con los Urralburu, Otano, Roldán, Aragón y compañía. El PSOE siempre vuelve al pasado, al peor de los pasados, con esa obsesión por la memoria manipulada, su verdadera especialidad.
Navarra no merece esto, merece otra cosa, merece mucho más y, sobre todo, mucho mejor. Los navarros somos mejores que nuestros gobernantes, no somos iguales a ellos, no somos corruptos ni económica ni mucho menos moralmente. Somos gente honrada, trabajadora, seria y confiable. En su gran mayoría. Y esa mayoría social tiene que volver a ser mayoría política.
La sociedad navarra —como la vasca y la española— ha sufrido demasiado como para permitir que quienes fueron cómplices del terror, hoy sean pieza crítica en la estructura de poder de nuestra democracia.
Y para romper Navarra y España están permitiendo y siendo cómplices —la especialidad en este caso de ese mundo— del saqueo de nuestro dinero a cambio de un proyecto suicida. Ese es el precio que se ha pagado por Navarra todos estos años. Un precio muy alto, un precio muy sucio, tan sucio como sus comportamientos.
Pero estamos llegando al final de esta etapa oscura. Está llegando un tiempo nuevo en el que hay que recuperar todos esos valores por los que nos destacamos siempre los navarros, y con mucho orgullo. Es hora de recuperar la dignidad institucional. Que se depuren responsabilidades políticas, se expulse de la vida pública a los corruptos —morales y económicos—, que se investigue y restablezca un mínimo no, un máximo de ética en la acción política.
Por las víctimas. Por la democracia. Nos lo merecemos. ¿El precio de Navarra? ¡Navarra no tiene precio! Y España, tampoco.
Amelia Salanueva Murguialday. Secretaria general del Partido Popular de Navarra