Soy una presidenta honesta...

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Pedro Muneta

Actualizado el 04/07/2025 a las 23:12

"Soy una presidenta honesta y voy a convocar elecciones. Lo sucedido con mi compañero de partido, amigo y mentor, Santos Cerdán, no son solo cuestiones del partido. Las adjudicaciones de las obras públicas parten de los gobiernos, también del mío, del Gobierno de Navarra, del que soy la primera y máxima responsable política".

Esto es lo que nos gustaría leer o escuchar de la presidenta María Chivite. No sé si es consciente de que con su silencio y su falta de responsabilidad es también la causante de la pérdida de confianza de las ciudadanas y los ciudadanos en nuestras instituciones; en el sistema democrático que nuestros mayores nos dieron en 1978 con tanto esfuerzo y que debemos transmitir a nuestros hijos. Navarra no merece un gobierno que esté pendiente todos los días de audios que hielan la sangre y nuestra conciencia social y democrática.

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No se trata de no rendirse ni de no agachar la cabeza, como ella dice, sino de tener respeto y dignidad. Respeto hacia sus compañeros del Gobierno de Navarra, los directores, funcionarios y trabajadores que nada tienen que ver con lo que les ha sucedido en el corazón mismo del Partido Socialista de Navarra. Dignidad ante el peso que lleva en la defensa de nuestro estado social y democrático de derecho. Se trata de que es ella la máxima responsable del Gobierno y la primera que debería tomar la única decisión posible en estos casos: la convocatoria de elecciones.

Debe reconocer que no son solo los partidos de la oposición los que piden abiertamente elecciones. Compañeros suyos y muy respetados por sus votantes, como Felipe González y Alfonso Guerra, García-Page y Lambán, Jordi Sevilla y Virgilio Zapatero, César Antonio Molina…; periodistas de primera fila de medios de comunicación que hasta ayer les apoyaban desde La Sexta, Cadena Ser, El País... han dejado de mostrarles su apoyo después de haber escuchado los audios y visto el contrato de Servinabar del hasta el pasado 12 de junio secretario de Organización del PSOE, Santos Cerdán.

La adjudicación del Gobierno de Navarra a una empresa propiedad del número 3 del Partido Socialista Obrero Español, Santos Cerdán, es de lo más grave ocurrido hasta la fecha en democracia: un gobierno socialista adjudicando obras a su secretario de Organización. La prisión provisional comunicada y sin fianza que conocimos el pasado lunes debería reafirmarle, más si cabe, en la única decisión posible en democracia.

En el PSN han tomado determinaciones, ahora lo sabemos, instados por el propio Santos Cerdán, que atentaban contra sus principios más elementales. Empezaron por no acordar nada con UPN, el primer partido de Navarra, y acabaron dándole la alcaldía a EH Bildu faltando a la palabra dada. Después de haber dicho por activa y por pasiva que la amnistía no cabía en la Constitución, cuando necesitaron los siete votos de Junts para seguir en la Moncloa faltaron a la letra y al espíritu de la Constitución Española. Algo debía haber visto María Chivite, culpa in vigilando, cuando su compañero de partido, Santos Cerdán, insultaba a miembros del primer partido de la oposición y el más votado del Parlamento foral mientras “se lo llevaba crudo”.

Y es verdad que no es una víctima sino la responsable política de todo lo sucedido. Debe reconocer que no supo ver el proceso de adjudicación de las obras del túnel de Belate plagado de sombras: los votos particulares de miembros de la Mesa de Contratación; el informe de la Cámara de Comptos; la resolución de la Oficina de Buenas Prácticas y Anticorrupción; las advertencias formuladas por UPN todos los días en el Parlamento y por este mismo medio de comunicación en forma de información y opinión.

No debe horadar más la dignidad de las instituciones navarras. No están personas de la talla de Víctor Manuel Arbeloa y Alberto Pérez Calvo, que conformaron la gestora en ese año también aciago de 1996 para el socialismo navarro. Entonces, después de descubrirse la cuenta en Suiza, desde el PSOE se obligó a la constitución de una gestora y el mandato de ir a la oposición y dejar gobernar a quien había ganado las elecciones: a UPN. Hoy debe echarse a un lado, convocar elecciones y esperar a que otro Partido Socialista, otros dirigentes, estén a la altura de los votantes, los militantes y la gran mayoría de concejales, alcaldes y parlamentarios que trabajan por construir una sociedad más justa.

En definitiva, parafraseando al entonces líder socialista Alfredo Pérez Rubalcaba, el que acuñó “el Gobierno Frankenstein” al que iba abocado Sánchez, Navarra merece un Gobierno que no les mienta. Navarra no merece un Gobierno que adjudicó las obras del túnel de Belate a su secretario de Organización nacional, al mentor, referente político, valedor y “jefe” de María Chivite.

Pedro Muneta Irujo

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