"Rencorosa y aburrida, porque ¿puede haber algo más aburrido que contar los minutos que faltan para poder leer Los músicos de Bremen?"

Actualizado el 02/07/2025 a las 23:37
Cuando algunos comentan su afición a leer ya desde niños, suelen hablar de las noches que pasaron con una linterna bajo las sábanas iluminando el libro que se sentían incapaces de dejar. También yo tenía afición a leer, pero nunca lo hice así porque no tenía linterna y, además, dormíamos tres hermanas en la misma habitación y me hubieran descubierto enseguida. Por otra parte, como en casa leíamos todos y siempre se nos animó a hacerlo, no sentí tan nocturna necesidad y tan solo en cierta ocasión me lo vedaron. Fue a mis ocho años cuando, convaleciente de una pulmonía, tuve que guardar cama días y días. Mi madre debió de recordar entonces el conocido refrán de “después de comer, ni una carta leer”. Y como siempre se habló de la sabiduría del refranero español, decidió cumplirlo a rajatabla: por lo menos una hora de descanso. Intenta dormir, me decía cada día.
Pero, y sin duda para aliviar mi enfermedad, alguien me había llevado una buena cantidad de aquellos pequeños libritos de Calleja, y en mi mesilla esperaban impacientes para ser leídos Juan sin miedo, El castillo de las siete tortas, Blanca la huerfanita, Las medias del Gran Duque y algunos más, que yo, desde la almohada, contemplaba rencorosa contra el refranero. Rencorosa y aburrida, porque ¿puede haber algo más aburrido que contar los minutos que faltan para poder leer Los músicos de Bremen? ¿A qué refranista se le habría ocurrido tal desatino? ¿Y por qué no recordé nunca a mi madre que el refrán terminaba diciendo “después de cenar, cien pasos dar”, para ver si de una vez me dejaban abandonar la cama? Ahora leo después de comer, incluso con el café si estoy en lo mejor del libro, convencida, además, de que mi madre lo aprobaría, ya que también ella solía hacerlo. Pero, claro, cuando se tiene una hija con pulmonía en aquellos tiempos sin antibióticos, una es capaz de cumplir el refranero a rajatabla para ver si haciéndolo, la enfermedad desaparece.