"Nueva contrariedad para Pedro Sánchez. Después de Ábalos y Koldo, ahora le fallan Cerdán y Alzórriz. Eso le pasa por rodearse de intelectuales"

Actualizado el 21/06/2025 a las 00:02
Nueva contrariedad para Pedro Sánchez. Después de Ábalos y Koldo, ahora le fallan Cerdán y Alzórriz. Eso le pasa por rodearse de intelectuales. La selección de personal de élite sigue siendo una asignatura pendiente en las organizaciones políticas, pero solo preocupa cuando suceden casos como este. Mientras se discute sobre si Sánchez ha sido una víctima de la deslealtad o si debe pagar por haber nombrado a traidores, todos parecen haberse puesto de acuerdo en una cosa: hay que desmarcarse. En la larga secuencia de reacciones que invariablemente sucede a un escándalo de corrupción, mi capítulo favorito es el de la desbandada. Alguien suelta el grito de "sálvese quien pueda", y ya están los cercanos escapando de las salpicaduras por todos los medios. A corta distancia del socorrido método de las piernas viene el de renombrar a los villanos, quienes de pronto dejan de ser señalados con sus títulos o sus simples apellidos para cargar con el monosílabo nefasto: "tal". En declaraciones políticas y en artículos de prensa, el asesor Koldo García pasa a ser "un tal Koldo", el secretario de Organización Cerdán es «el tal Cerdán» y el ministro Ábalos "ese tal Ábalos".
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Las gramáticas nos explican que el determinante "tal" puede actuar como demostrativo, cuantificador o indefinido, pero nada dicen de su variante arrojadiza como dardo contra el truhan. Recordarán la tinta que hizo correr aquel 'ongi etorri' inverso que Arzalluz dedicó al obispo Blázquez con motivo de su traslado de la diócesis de Palencia a la de Bilbao, cuando le bastó con llamarlo "un tal Blázquez" para dejarlo reducido a indeseable maqueto con sotana. No era de los suyos, como tampoco queremos ser nosotros de los de Cerdán y compañía, y por eso los aislamos con ese "tal" despectivo que los rebaja y nos desmarca, que los declara mindundis y nos coloca en el lado bueno de la historia, que los manda a la hoguera y pone en nuestra mano la antorcha moral de los virtuosos. La anteposición del "tal" al nombre del corrupto viene a ser para el lenguaje del progresismo lo que para el de la derecha fue aquel "esa persona de la que usted me habla" de Rajoy: un intento algo cómico de huir de la quema. Sospecho que a algunos les va a servir de poco. Permaneceremos atentos a la pantalla.