Sánchez, de víctima al ataque frontal

El presidente del Gobierno aprovechó su comparecencia tras la Comisión Ejecutiva Federal para tratar de desviar el foco hacia la oposición, a la que desafió a presentar una moción de censura

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Editorial DN

Actualizado el 16/06/2025 a las 19:50

Pedro Sánchez está decidido a llevar hasta las últimas consecuencias aquello de que la mejor defensa es un buen ataque. Enrocado en el liderazgo de su partido y en el del Ejecutivo, Sánchez abandonó definitivamente el tono compungido que mostró el pasado jueves en su comparecencia tras el demoledor informe de la UCO de la Guardia Civil para pasar al choque frontal contra el PP y Vox, a los que, sin titubeos, calificó este lunes desde Ferraz como “la peor oposición de la historia democrática de nuestro país”. En un modo de actuar habitual de Sánchez cuando la realidad le aprieta, el líder de los socialistas y presidente del Gobierno aprovechó su comparecencia en la sede socialista tras la Comisión Ejecutiva Federal para tratar de desviar el foco hacia la oposición, a la que desafió a presentar una moción de censura y señaló por casos de corrupción. Sánchez convocó a los medios para explicar las medidas que su partido ha adoptado después de conocerse el implacable informe de la UCO sobre el Caso Koldo. Medidas que no pasan de la expulsión de Ábalos, casualmente ahora que se ha destapado el escándalo con mayor profundidad, de una comisión gestora para hacerse cargo momentáneamente de la secretaria de organización, de la creación de una comisión de investigación o de su ronda de contactos con los socios. 

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Medidas totalmente insuficientes para quien lleva meses comprometiendo su credibilidad en la defensa férrea del que ha sido su secretario de organización y mano derecha, Santos Cerdán, hasta hace dos días. Sánchez no asume la responsabilidad que le correspondería, además de mentir con descaro cuando dice que no han atacado a los medios. Sabe que sus socios no le van a apretar más allá de declaraciones cosméticas, lo que le permite descartar con displicencia el adelanto electoral y también desoír algunas voces internas de medidas de mayor contundencia. En un nuevo ejercicio de superioridad moral, incompatible con la actualidad que sacude a su partido y con la realidad misma, Sánchez pretende hacer creer que todo lo bueno que España tiene se lo debe a él y al autodenominado Gobierno progresista. Algo que pasaría, según su discurso, a la ruina automáticamente de producirse una alternancia en el liderazgo del país. Tan falso como inaceptable en una democracia en la que los ciudadanos tienen la última palabra. Sánchez se atrinchera y juega a ganar tiempo a costa del interés general con una legislatura herida de muerte.

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