Ley ELA, un nuevo tirón de orejas
"Después del costoso camino recorrido, y el sufrimiento para los afectados y sus familias, es obligado que las administraciones actúen con la presteza y la coordinación que exige la situación"

Publicado el 01/06/2025 a las 05:00
T AN lejos quedan los aplausos y las autofelicitaciones de los grupos en el Congreso de los Diputados tras la aprobación en octubre de la Ley ELA, después de tres años de bloqueo, por cierto, que nuevamente ha tenido que salir el ex futbolista navarro y aquejado por esta enfermedad, Juan Carlos Unzué, a lanzar un mensaje alto y claro a la clase política. En un encuentro que se celebró en Santander, Unzué exigió que la ayuda para las personas que sufren esclerosis lateral amiotrófica llegue ya, porque lamentó que siete meses después de aprobarse la norma muchos enfermos que querían vivir han muerto sin recibirla. Un mensaje tan rotundo como estremecedor, que acompañó con un nítido “estamos hasta las narices de que los políticos nos utilicen”.
No es la primera vez que Unzué propina un rapapolvo mediático, y lleno de sentido común, a una clase política que se muestra incapaz de adaptar los tiempos de la administración a las necesidades que genera una enfermedad como la ELA. Este semana, el Congreso aprobaba instar al Gobierno a financiar “con la máxima urgencia” la Ley ELA. Va siendo hora. Porque si de algo carecen los afectados por esta cruel enfermedad neurodegenerativa sin cura es de tiempo. De ahí que tenga todo el sentido la reclamación que, poniendo voz a todas las personas enfermas de ELA, hace Juan Carlos Unzué, “pónganse las pilas y reporten ya el dinero a las comunidades para que puedan atender a las personas afectadas”, que dirige a todas las administraciones, pero muy especialmente al Gobierno de Sánchez, que “tiene la obligación de financiar la ley”.
La consejera de Derechos Sociales en el Gobierno de Navarra, Carmen Maeztu, mostró su “comprensión” a las palabras de Unzué y defiende que nuestra Comunidad está trabajando para implementar la ley. Y es obligado que así sea. Porque después del costoso camino recorrido para llegar al momento actual, y el padecimiento innegable para los afectados y sus familias, es perentorio que las administraciones actúen ya, y sin más dilación, con la presteza y la coordinación que exige la situación. El tiempo pasa muy rápido y las soluciones se necesitan con urgencia.