"No le entra en la cabeza que nuestras fiestas sean anunciadas por unos tendedores ilegales, por estar prohibido tender la ropa fuera de casa"

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Lucía Baquedano

Actualizado el 28/05/2025 a las 23:39

A mi convecina no le parece bien el cartel de San Fermín. No le entra en la cabeza que nuestras fiestas sean anunciadas por unos tendedores ilegales, por estar prohibido tender la ropa fuera de casa. A lo mejor se trata de un patio, dije para aplacar su indignación y porque el cartel me gusta. Pero mi sugerencia no la calmó y pasó a explicarme que hay patios en los que rige la prohibición, por ejemplo el suyo que ahora es muy particular y no precisamente porque cuando llueve se moja como los demás, sino porque ya no es patio sino calle, con todos los deberes inherentes a tal categoría. O sea, esos metros en los que ella cultiva plantas en macetas y tiende su colada al sol, han pasado a ser calle, avenida o plaza, vaya usted a saber. 

Y el motivo de tal milagro ha sido el revestimiento de la fachada, para que los vecinos tengan menos calor en verano y no pasen frío en invierno, cosa muy recomendada por la autoridad, para economizar energía. Pero mi amiga no comprende que si ahora es una calle como cualquier otra, no se la haya dotado de los accesos necesarios para que ella pueda aparcar el coche junto a la puerta de su cocina, cosa que le vendría de perlas. Se lo dijo al señor Correspondiente que tan solo se limitó a insistir en que en esa nueva calle, como en cualquier otra, no se puede tender ropa por muy sanferminera que esta sea. Como servidora todavía cree eso de que la unión hace la fuerza, le propuso que los vecinos se pusieran de acuerdo y todos a la vez sacaran a secar sus coladas un día, y otro y otro, a ver qué pasa. ¿Qué pasa? Me respondió: pues que nos quitan la subvención para el recubrimiento de la fachada. Así que ahí tenemos a la pobre tan solo a la espera de que un día se les presenten un par de trabajadores para poner una placa con el nombre del hombre o mujer a quien se dedicará esa calle de escasos metros, pero libre de antiestéticos tendederos. Y no sé... pero tuve la impresión de que a ella, más que el no poder ver sus sábanas ondeando al viento, la encorajinaba la idea de que la trataran de tonta.

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