Cartas de los lectores
Mala praxis en Urgencias del Hospital García Orcoyen


Actualizado el 26/05/2025 a las 09:17
Este pasado jueves, sobre las diez y media de la noche, llevé a mi madre a Urgencias del Hospital García Orcoyen de Estella porque así lo aconsejó su médico de cabecera y hermana tras visitarle en casa porque un día antes, debido a un fuerte catarro, en un ataque de tos, sintió un dolor muy fuerte en el vientre. Y mi tía, al tomar mi madre de forma habitual un anticoagulante de sangre por sus arritmias, temió que hubiera un sangrado interno que en personas con medicación para evitar coágulos puede ser de gran intensidad.
Ya en el triaje, la enfermera que hace la criba me pareció que no le daba demasiada importancia. Pero bueno, pensé, ya tendrá delante el historial de mi madre y se percatarán de la posible gravedad. Pues no. Pasó una hora, dos y nadie nos llamaba a consulta con una sala de espera en la que tan sólo había tres pacientes. Una de ellas a carcajada limpia, véase lo grave y mal que se encontraba, y una pareja con una niña que se revolcaba en el suelo y no precisamente de dolor. De hecho, cuando su madre regresó con la pequeña tras ser atendida comentó, “ya te he dicho que no tenía nada”. Y se marcharon.
¿Nosotras? Esperando y esperando hasta que me llamó por teléfono mi tía preocupada porque no había noticias. “No nos han atendido”. Me dijo que pidiera hablar con un médico para transmitirle la situación de mi madre y sus antecedentes. “No le puede atender, está tramitando dos altas”, me dijeron en recepción, a cuya espalda había una sala con personal sanitario mirando tranquilamente la televisión.
Por cierto, las dos altas no salieron por la puerta, no sé, quizá haya una salida secreta. En fin, que al final vino una médico, que otra vez diciéndonos que bueno, que era un hematoma sin importancia pero que le haría un análisis de sangre como quien nos concede un favor. Eran las tres de la madrugada cuando llegaron los resultados y entonces, qué cosas, ya no estaba sólo la médico, había también otra supongo que para evitar que le cayera una bronca porque, sí, los análisis eran nefastos y había una hemorragia. No tocaba otra que quitar el anticoagulante y pasar la noche en observación a cuyas enfermeras desde aquí agradezco el trato exquisito y cercano a una mujer con 79 años, cansada y angustiada.