"Para qué tener informados a los ciudadanos si se les puede pasar la mano por el lomo mientras se les sirven generosas dosis de telebasura en la renovada programación de las cadenas públicas"

Publicado el 10/05/2025 a las 05:00
En un punto coincidieron las versiones discrepantes de Gobierno y oposición sobre lo acaecido el día del apagón: ambos pusieron énfasis en el comportamiento ejemplar de la ciudadanía. Qué digo ejemplar: admirable, edificante, heroico. Tal vez exageraron. Es cierto que no corrimos a saquear ferreterías para hacernos con un hornillo de campin gas, ni se produjeron peleas por un manojo de velas, ni se vieron en las cunetas cadáveres de gente inmolada de angustia y pánico. Pudo influir la hora del suceso, un luminoso mediodía de mayo que ahuyentaba cualquier sombra de catástrofe e invitaba menos al caos que a las cañas en terracita. Aunque contratiempos los hubo, y de diversa entidad, no fueron tan graves que no se solventaran con un poco de paciencia y otro tanto de humor, como hizo la mayoría.
¿A qué fue debido entonces tal derroche de alabanzas y lisonjas desde la tribuna, con el eco consiguiente en tertulias e informativos? Pues a que a los unos les venía bien para pintar la escena de un desbarajuste institucional que si no produjo mayores daños fue gracias a la madurez ciudadana, y a los otros para demostrar el buen funcionamiento de un sistema entre cuyos engranajes quedan incluidas las personas, dóciles vasallos bien adiestrados por su señor. Y también a lo imparable de la vía populista a la que se vienen entregando unos y otros sin distinción de siglas.
Adular al pueblo se ha convertido en un deber inexcusable de toda retórica que aspire al éxito. Como en los shows musicales y las ruedas de prensa futboleras, el primer mandamiento es recurrir al truco ventajista de resaltar la calidad del maravilloso público y de la afición entregada que lleva a los jugadores en volandas. Luego ya se verá. Una vez elevada la autoestima popular, no hace falta dar explicaciones sobre los fallos en el sistema eléctrico y en la red ferroviaria, la compra de armas a Israel o el papel de España en el rearme europeo, y, del lado opuesto, sobre la falta de alternativas que no se limiten al vocerío y el insulto. Para qué tener informados a los ciudadanos si se les puede pasar la mano por el lomo mientras se les sirven generosas dosis de telebasura en la renovada programación de las cadenas públicas.