"El apagón se ha gestado durante muchos años"

"Pudimos ser conscientes de las malas consecuencias registradas en tan solo unas horas de descontrol de este suministro"

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Santiago Galbete

Actualizado el 06/05/2025 a las 23:23

El pasado 28 de abril a las 12:33 se produjo en nuestro país un apagón provocando faltas y anomalías en el suministro eléctrico durante más de un día. Por suerte, en los países desarrollados no estamos acostumbrados a este tipo de eventos. Sin embargo, pudimos ser conscientes de las malas consecuencias registradas en tan solo unas horas de descontrol de este suministro y nos dio una idea de lo dramático que puede ser un apagón de una duración de días o semanas.

Aunque en una primera impresión el suceso se produjo de imprevisto, la realidad es otra. Nuestro país ha construido año tras año las bases para permitir este fenómeno. La tecnología fotovoltaica tiene la virtud de ser sencilla y económica de instalar, es la única carente de elementos giratorios y de sofisticados sistemas de montaje. Ante estas características, los españoles pronto detectamos una gran oportunidad financiera en la explotación del recurso solar. El gobierno, sin prestar atención a las deficiencias de esta tecnología: una capacidad limitada para realizar aportaciones extras de generación en periodos breves de tiempo, ha autorizado a los grandes, medianos y pequeños inversores a ganar un dinero fácil mediante estas plantas. 

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La energía fotovoltaica se ha convertido en el año 2024 en la tecnología eléctrica con mayor número de gigawatios instalados: 31,7 GW a 31 de diciembre del 2024. En el año 2018 había únicamente 4,5 GW. Tan solo durante el año 2024 se instalaron en España 6 GW de plantas fotovoltaicas. Por tener un orden de magnitud, la potencia nuclear instalada en España durante toda su historia es de 7 GW. Solo mirar al pasado hubiera sido suficiente para mitigar los problemas originados por esta tecnología.

Mientras en España durante los años 60-70 se diseñaban las centrales nucleares, aquellos equipos técnicos, conscientes de la dificultad inherente de estas plantas para reducir su producción en cortos periodos de tiempo, planteaban en paralelo la construcción de centrales hidráulicas reversibles (instalaciones de coste elevado). Éstas eran capaces de utilizar el excedente nocturno de generación nuclear para bombear agua al embalse superior y convertirlo en electricidad durante el día. Por este motivo, España dispone de 7 centrales nucleares y 7 centrales hidráulicas reversibles. Algo semejante hubiera sido suficiente para almacenar la energía solar durante el día y convertirla en electricidad durante la noche, relajando de esta forma al sistema eléctrico de un exceso de producción fotovoltaica durante aquellas horas de máxima radiación solar. A pesar de ello, mientras en el periodo 2018-2024 la potencia instalada fotovoltaica creció 27,2 GW, el aumento de la potencia instalada en bombeos reversibles en el mismo periodo fue de 0 GW.

Por otra parte, la península ibérica históricamente ha sido un sistema eléctrico cuasi aislado. Nuestra conexión eléctrica con Francia es de tan solo 2,8 GW (en 2015 1,4 GW). Una interconexión tan pobre difícilmente podrá aportar robustez a nuestro sistema eléctrico en el caso de una falla, tal y como se constató el pasado 28 de abril. Sin embargo, el sistema eléctrico francés dispone de una interconexión con sus países limítrofes de 15 GW. Paradójicamente, durante los últimos años Francia está más proclive a aumentar las interconexiones con España. Esto les permitiría poder beneficiarse de nuestra generación fotovoltaica. De hecho, en el año 2015 se duplicó la interconexión con este país. En esa fecha, la tecnología solar comenzaba a ser una realidad.

Dentro de las tecnologías renovables, las centrales de biomasa tienen capacidad de dar estabilidad al sistema al igual que lo pueden hacer las grandes centrales hidráulicas, nucleares y los ciclos combinados. No obstante, la evolución de estas plantas en nuestro país únicamente ha incrementado de 0,8 GW en el año 2015 a 1,1 GW en el año 2024. Cuesta pensar que nuestros mandatarios prefieran ver arder la biomasa, tal y como lo hace cada verano en nuestros montes, en lugar de alimentar unas calderas para producir electricidad y dotar de robustez al sistema.

Con esto quiero decir que, si tenemos la suerte de ser el país europeo más rico en sol y viento, una correcta gestión de estos recursos a través de los bombeos reversibles, las grandes centrales hidráulicas y las plantas de biomasa, y una justa negociación con Francia, que permita vender a Europa generación fotovoltaica a través de unas potentes interconexiones eléctricas, nos conduciría a un sistema renovable fiable sin riesgo de repetirse el apagón.

Santiago Galbete Goyena. Dr. ingeniero

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