Cartas de los lectores
¿Todos, todos, todos... menos los católicos?


Publicado el 03/05/2025 a las 08:28
Ha muerto el papa Francisco, y nos deja como herencia una frase que condensa su visión de la Iglesia: “En la Iglesia caben todos, todos, todos”. Una frase sencilla y poderosa. Porque el Evangelio no excluye a nadie. La Iglesia abre sus brazos a todos: al creyente y al no creyente, al pecador y al santo, al herido y al fuerte. Así lo vivimos cada día, también en Zizur.
Por eso resulta doloroso- y paradójico- que, mientras desde Roma se proclamaba este mensaje universal de acogida, aquí, en nuestro propio Ayuntamiento, los católicos nos sintamos excluidos. Hace unos meses, un grupo de vecinos de Zizur, de forma completamente cívica y respetuosa, promovimos una iniciativa ciudadana: colocar una imagen de la Virgen María en el entorno de la Plaza de la Mujer. María, madre de Jesús, figura central para millones de personas, mujer fuerte, generosa, amada por generaciones. Una imagen profundamente femenina, que no representa ideologías, sino valores humanos y espirituales universales, venerada también en el Islán.
Nos hicimos cargo de todo: arquitecto, diseño, obra, instalación. Recogimos cientos de firmas de apoyo. Explicamos la propuesta a todos los grupos municipales con transparencia, convencidos de que la alcaldía en manos de Geroa Bai sabría ver el valor simbólico, cultural y social de esta iniciativa. Confiamos sinceramente en su apoyo. Pero nos equivocamos. La respuesta fue negativa. Nos dijeron que no. Que María no representa a la mujer actual. Que su presencia no encaja. Que la plaza “no es lugar” para esta imagen. Duele aún más cuando sabemos que no todos los grupos compartían esa visión, pero la alcaldía decidió inclinarse ante una minoría ideológica, ruidosa y excluyente, desoyendo a una mayoría que se expresó con respeto y convicción. Creemos que Zizur pierde una oportunidad para ser vanguardia en la convivencia e inclusión.
Esto no es neutralidad institucional. Es exclusión selectiva. Es un rechazo a la pluralidad real. ¿De verdad nos quieren cerrados en las iglesias? ¿Nos permiten rezar, pero no existir en lo público? Y mientras tanto, los hechos hablan por sí solos. Cuando alguien tiene problemas reales - soledad, hambre, desempleo, desesperanza- no acude a una sede de partido. Acude a Cáritas, a Manos Unidas, a una parroquia. Y allí encuentra escucha, ayuda y acompañamiento. Sin pedir nada a cambio. Sin preguntar a quién vota. Sin ideologías o credos. El bien no hace ruido, y el ruido no hace bien. Pero hay momentos en que incluso el bien tiene que alzar la voz. Esta no es una protesta contra nadie, sino una llamada de atención a favor de algo que es justo: el reconocimiento público y respetuoso de una tradición, una devoción, una identidad que también forma parte de Zizur.
Y todo esto, además, sucede en mayo, el mes que desde hace siglos el pueblo cristiano dedica con especial ternura a María. Qué contradicción tan amarga: mientras la honramos en nuestros corazones, se le niega un rincón en nuestras plazas. No pedimos privilegios. Pedimos respeto. No queremos imponer nuestra fe, pero sí poder expresarla. Porque si en la Iglesia - como decía Francisco- caben todos, todos, todos, ¿cómo es posible que en Zizur no quepa una imagen de la Virgen?