"Que no tengamos la menor idea de cómo cambiar un enchufe ni sepamos leer la factura de la luz no impide que discutamos con fervor de tertulianos sobre el gran apagón"

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José María Romera

Actualizado el 02/05/2025 a las 22:08

Cuenta una leyenda estudiantil con origen en los años sesenta, que a mitad de una clase de literatura en el instituto Ximénez de Rada se produjo un apagón. El catedrático hizo venir al bedel y le preguntó: "¿Cuál es la causa o motivo que ha ocasionado el corte en el fluido eléctrico?". "Que se han jodido los plomos", fue la respuesta del bedel. Lo cómico de la situación no vino dado solo por el contraste de registros lingüísticos, elevado en el caso del catedrático y llano en el del conserje: debajo subyacían dos estilos cognitivos opuestos que nos representan a todos. 

En la sociedad de la técnica crece nuestra dificultad para lidiar con lo complejo, y mientras unos se esfuerzan en entenderlo otros tiramos por la vía fácil de las palabras acostumbradas. Fuera de ellas todo es misterio, confusión e incertidumbre. Por eso no hablamos de la corriente eléctrica, que pertenece al dominio de la ciencia, sino de la luz, sin más. Es una visión superficial y algo primitiva de las cosas, pero no descartemos la posibilidad filosófica. Se dice que las últimas palabras de Goethe en su lecho de muerte en Weimar fueron "¡Más luz!". Algunos lo han interpretado como una invocación a la trascendencia y un anhelo postrero de conocimiento. Pero lo que Goethe pedía, según el testimonio de su médico y biógrafo Carl Vogel, era simplemente que le descorrieran las cortinas para no morir entre tinieblas. 

Con eso nos conformamos, con tener luz. Toda nuestra competencia en materia de electromagnética se reduce a encender o apagar la luz. Y por lo visto nos arreglamos con eso para ir de expertos en políticas y sistemas de energía, como ha ocurrido estos días. Que no tengamos la menor idea de cómo cambiar un enchufe ni sepamos leer la factura de la luz no impide que discutamos con fervor de tertulianos sobre el gran apagón, sus causas y sus responsables, y que, en medio de este festival de versiones, nos adhiramos a la que mejor encaja en nuestro marco mental previo. Un milagro de ciencia infusa. Al fin y al cabo, ¿no tiene también algo de brujería el hecho de pasar de la oscuridad a la luz con solo pulsar el interruptor? Seguramente no hay tanta diferencia entre que se haya producido un corte en el fluido eléctrico y que se hayan jodido los plomos. 

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