Carta de los lectores
La Pascua de Fer


Actualizado el 23/04/2025 a las 09:51
Durante estos últimos días hemos sido testigos de lo que, en apariencia, ha sido un hecho trágico, dramático. La muerte repentina de un hijo en lo mejor de la vida produce un dolor indescriptible e inmediatamente surgen un montón de preguntas a las que es muy difícil encontrar respuesta. Pero si se encuentran esas respuestas todo cambia y adquiere sentido. La avalancha de cariño recibido durante estos días por todos los que han conocido a Fernando Iraburu Bonafé y quieren a su familia ha sido de tal calibre que nos hemos visto totalmente desbordados. Arropados en lo material y en lo inmaterial, con detalles de cariño verdadero: familia y amigos venidos de lejos, de muy muy lejos para darnos un abrazo; muchos que lo han dejado todo para estar, aunque sólo sea un momentico, con nosotros; las oraciones por él que llegan desde todos los continentes (sólo tenemos dudas de la Antártida…), apoyo, solidaridad que seguimos recibiendo y por los que no podemos más que dar las gracias. Muchísimas gracias.
Y todo esto tan solo suaviza el dolor, pero no responde a las preguntas que muchísima gente se hace, nos hacemos: ¿Por qué Fernando, si era tan majo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué de esta manera tan repentina? ¿Para qué? Para los que tenemos el regalo de la fe y creemos que aquí estamos “de paso”, es el momento de poner a prueba esas creencias que es más o menos fácil de asumir o de predicar en el día a día, pero que ahora escuece y cuesta vivir consecuentemente. En gran parte todos los que nos han querido acompañar en el dolor y en la oración nos han ayudado a encontrar y a hacer nuestras esas respuestas, que estaremos encantados de compartir. Y es que estamos viendo que la separación de Fer, su paso al Cielo, su Pascua, como la que hemos celebrado, era necesaria para que mucha gente, con más o menos fe, encuentren también esas respuestas que están llenando nuestra vida de paz y quieran ser mejores, porque él estaba preparado de sobra y si le hubieran preguntado si quería jugar en esa posición en este “partido de la vida”, hubiera saltado del banquillo al momento.
Por eso no estamos de luto, aunque las lágrimas nos laven la cara muchas veces al día. Estamos de fiesta y dando gracias, porque Fer está donde quería estar y es un sitio estupendo, el mejor; porque hemos podido disfrutar de él durante casi 29 años; porque nos está cuidando desde ese sitio (que seguro ya está rediseñando) y le notamos muy cerca y porque sabemos que mucha gente encontrará paz cuando tenga esas respuestas.
Nos sentimos inmerecidamente honrados por el cariño y el apoyo de tantísima gente, por el detalle de la noticia de este periódico, por haber podido despedirle en San Lorenzo, a los pies de San Fermín y la Dolorosa, al ayuntamiento de la Cendea por poder tenerle ahora en el cementerio de Cizur Menor, por el emotivo recuerdo de la Universidad de Navarra, del Colegio de Arquitectos, del ayuntamiento de Pamplona y PCH, con los que estuvimos hace pocos días y, en fin, sobre todo, por haber sido elegidos para formar parte de esta marea que nos ha removido a todos y que nos deja, al final, un dulce sabor de boca. Por eso, de parte de la familia de Fercho, a todos, gracias, gracias. Muchísimas gracias. Y si quieren descubrir alguna de esas respuestas, nos tomamos un café cuando quieran.