Opinión

Víctor Eusa: arquitecto de Pamplona, víctima del populismo

"¿De verdad puede ser considerado indigno alguien que ayudó a levantar la ciudad con semejante dedicación y talento?"

Seminario Diocesano, una de las obras de Víctor Eusa en Pamplona
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Seminario Diocesano, una de las obras de Víctor Eusa en Pamplona
Seminario Diocesano, una de las obras de Víctor Eusa en Pamplona

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José María Aracama

Publicado el 16/04/2025 a las 05:00

Aunque el Ayuntamiento de Pamplona, a instancias del Gobierno de Navarra, haya decidido retirar del callejero al arquitecto pamplonés Víctor Eusa, la realidad es que su presencia en la ciudad es tan inmensa como indeleble. Ningún decreto municipal podrá borrar su legado ni su contribución al alma arquitectónica de Pamplona. No es exagerado decir que Eusa es, sencillamente, el arquitecto de esta ciudad. El actual equipo de gobierno, encabezado por Joseba Asiron y sustentado por EH Bildu, Geroa Bai y Contigo-Zurekin, ha eliminado de Buztintxuri la calle dedicada a Víctor Eusa, justificando la decisión en un informe del Instituto Navarro de la Memoria. Se le considera un “elemento franquista”. Sin embargo, tal etiqueta no resiste el más mínimo análisis riguroso. Víctor Eusa desarrolló la mayor parte de su carrera antes de la Guerra Civil. Su periodo de madurez como arquitecto coincide con los años veinte y primeros treinta del siglo pasado, época en la que diseñó sus obras más célebres. 

Fue arquitecto municipal desde 1936 y posteriormente de la Diputación Foral, pero su carrera no se explica por razones políticas sino por una calidad profesional fuera de toda duda. Las calles cambian de nombre, pero los edificios permanecen. Y la ciudad está sembrada de su obra: la Casa de Misericordia, el Seminario Diocesano, la iglesia de los Paúles, el Colegio Escolapios, el Casino Eslava, la reforma del Hotel La Perla, la Sociedad La Vasco Navarra, el Parque de la Media Luna, la barandilla con el escudo de Pamplona… Hasta 45 edificios catalogados por su valor histórico y arquitectónico llevan su firma. ¿De verdad puede ser considerado indigno alguien que ayudó a levantar la ciudad con semejante dedicación y talento? Esta decisión no solo es injusta, sino que refleja un uso sesgado y oportunista de la memoria histórica. 

Mientras se borran nombres ligados, de forma cuestionable, al franquismo, se siguen tolerando homenajes a los asesinos de ETA, cuya historia reciente sigue abierta en carne viva para muchos. No hay coherencia moral en una memoria selectiva que solo mira al pasado que conviene, y calla ante el que incomoda. Se alega que Eusa participó en la Junta Central Carlista al inicio de la Guerra Civil. ¿Y qué? ¿Debe eso anular su obra, su legado y su aportación a Pamplona? ¿Debe ser retirado de la memoria urbana un arquitecto porque vivió su tiempo con las ideas de su época? Si aplicáramos ese mismo rasero a todos, media ciudad quedaría sin nombres, y buena parte de la historia sería condenada al olvido. Lo que hay detrás de esta maniobra no es justicia histórica, sino simple populismo. Un gesto de cara a la galería, sin demanda ciudadana previa, sin debate público, sin respeto por la trayectoria de quien contribuyó como pocos a la fisonomía y la identidad de Pamplona. 

¿Qué sentido tiene borrar a quien dio forma al Ensanche, al Seminario, a la Misericordia? ¿Qué ganamos eliminando su nombre, cuando su obra sigue ahí, sólida, presente, parte viva del paisaje urbano? La arquitectura, a diferencia de otros legados culturales, no puede guardarse en un cajón ni trasladarse a un museo. Está en la calle, en los barrios, en las plazas, en los recuerdos de quienes nacieron, vivieron y crecieron en ella. Eusa no solo firmó planos: firmó parte de nuestras vidas. Sus edificios no son solo ladrillos y cemento, son historia, son ciudad, son memoria verdadera. Llegará el día en que se imponga el sentido común. Llegará el día en que las personas sean valoradas por lo que aportaron, no por lo que pensaron. Y entonces, Pamplona recuperará con orgullo el nombre de su arquitecto, y lo pondrá donde debe estar: en su calle, entre su gente, junto a su obra. Y ojalá que también llegue pronto el día en el que nuestros gobernantes dediquen su tiempo, por el que les pagamos, a gestionar temas importantes y relevantes, en vez de enredarse en debates que a muy pocos interesan y que no aportan a la calidad de vida de los pamploneses y navarros.

Aun y todo, Víctor Eusa seguirá presente. Porque nadie podrá borrar lo que está hecho de piedra, historia y dignidad profesional.

José María Aracama Yoldi. Ingeniero Industrial y vecino de Pamplona.

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