"Se ha muerto Mario Vargas Llosa, que escribía tan bien y que era partidario de Roca Rey"

Publicado el 16/04/2025 a las 05:00
Esta columna viene escrita con letras de las que tiran ocho caballos azabaches, brillantes como si estuvieran esmaltados con penachos de plumas de metáforas negras. Porque se ha muerto Mario Vargas Llosa, que escribía tan bien y que era partidario de Roca Rey. Don Mario, que es como le llamaban en sus últimos años, cuando la gente lo veía pasar como si vieran una estatua de sí mismo, decía que de las novelas se sabía cómo empezaban, pero que, de pronto, las historias se arrebataban y lo raptaban, y no era capaz de predecir el final que tenían porque iban a su aitio. Y yo digo: como la vida, Don Mario, se trata de saber que el control no lo tiene uno y que otras fuerzas, que vienen de lo insondable, dirigen la pluma con la que escribimos. Con la que vivimos.
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Yo quisiera saber qué dimensión se le habría concedido a Vargas Llosa si en lugar de un tipo de derechas, hubiera sido de izquierdas, pero eso ya no se puede. Después, de las grandes figuras culturales se quedan los detalles más tontos. Esto alcanza la cima con Edouard Limonov quién, escribiendo como escribía, terminó siendo un personaje de Carrere cuando escribió su biografía y en lugar de por sus textos, le preguntaban si era verdad que había sido chapero en Manhattan. Morirse siendo alguien es una desgracia: cuánto mejor fallecer y que nadie se entere y a nadie le importe. No te digo ya si, en lugar de escritor, te mueres de faraón egipcio y, seis mil años después, de morir te hacen radiografías de la momia, un estudio desvela que en realidad no eras un héroe caído en la batalla, sino que se te llevó un catarro mal curado.
Que tenías los brazos cortos. Finalmente, te cortan el pene con un microtomo para verte el pirindolo al microscopio y de esto terminan haciendo el tercer episodio de una serie documental. Siendo Premio Nobel, morirse tiene lo suyo, y ahora vienen los reportajes en los que queda para la posteridad que le pegaste un puñetazo a García Márquez o que tu mujer, que por cierto era una señora, te dijo: “Mario, lo único que sirves es para escribir”. ¿Les parece poco?