"Aunque digamos que todo cambia, hay algo que sigue igual: continuamos mirando al cielo en Semana Santa"

Actualizado el 16/04/2025 a las 23:44
Aunque digamos que todo cambia, hay algo que sigue igual: continuamos mirando al cielo en Semana Santa. Unos para elevar hasta él sus oraciones en los días más importantes para los cristianos y otros por diversas causas que no son ajenas a las fechas. Miran al cielo, suplicando que no llueva, los organizadores de las procesiones; los devotos de ellas, que anhelan venerar a la Virgen o al Cristo de su devoción a su paso por las calles. Con idéntico interés lo hacen quienes han decidido desplazarse a otros lugares para contemplar las imágenes de Salzillo o el Cristo que elevan a pulso los legionarios, o quieren enternecerse con el ángel de Tudela que vuela hasta la Virgen para darle la gran noticia: ¡Tu Hijo ha resucitado!
Miran también al cielo los que quieren disfrutar los días vacacionales en la montaña o la orilla del mar, y como todos, desean que la lluvia no enturbie el descanso. Muchos invertirán la mitad del tiempo en el desplazamiento y sería terrible que en el que les queda no puedan pisar la playa. Y seguro que además del cielo, son las carreteras lo que miran los responsables de la seguridad vial, ya que son muchos, muchísimos, los vehículos que las llenan en estas minivacaciones y unas lluvias torrenciales o molestos sirimiris pueden poner nerviosos a los conductores haciéndolos cometer alguna imprudencia.
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Operación salida, operación retorno, millones de coches por carreteras y autopistas, y con lluvia todavía peor, dirán. Porque aunque lo parezca, el mundo no ha cambiado. Si recordamos las semanasantas de nuestra niñez veremos que cada año los responsables se interrogaban sobre la conveniencia de salir o no la procesión por la amenaza de lluvia, las carreteras se llenaban de autobuses que traían o llevaban estudiantes y desplazados que querían pasar esos días en sus casas, y muchas jovencitas , en todo influía el clima, se preguntaban si podrían estrenar el primaveral traje que acababa de llevarles la modista.