"La IA viene provocando mucho revuelo en los sanedrines gremiales"

Actualizado el 11/04/2025 a las 23:39
Como todo lo que afecta a la Inteligencia Artificial sucede aceleradamente, también nuestras reacciones han pasado en poco tiempo de la incredulidad al asombro, y del estupor al dramatismo o a la fascinación, muchas veces sin pasar por el siempre recomendable trámite de la curiosidad. Pero, seamos de los encantados o de los horrorizados, ya es hora de ponernos de acuerdo en una cosa: la IA no tiene vuelta de hoja. Más nos vale aprender a sacar provecho de sus ventajas si no queremos acabar arrollados por sus inconvenientes. Una de las primeras es la democratización en el acceso al conocimiento en áreas que hasta hace poco parecían reservadas a ciertas élites intelectuales o profesionales. Ningún conocimiento que pretenda ser serio puede improvisarse. Pero si uno pone empeño y se protege del riesgo de desinformación, la herramienta de la IA le ayuda a saber más de medicina, derecho, educación, ciencia, literatura o numismática sin depender forzosamente de la consulta al especialista ni haberse matriculado en los establecimientos oficiales donde se dan lecciones sobre la materia y se otorgan títulos al efecto. Son los tiempos, que a veces también avanzan en la buena dirección.
La IA viene provocando mucho revuelo en los sanedrines gremiales. Que médicos y profesores desaconsejen a la gente informarse a través de internet sin su asesoramiento se entiende si la advertencia viene dictada por el temor al bulo o a la lectura errónea. No tanto si es un intento de mantener el estatus de casta que les otorga el monopolio de un saber reservado. La ignorancia de los unos como garantía del poder de los otros, en definitiva. La penetración de la IA puede compararse con otros saltos históricos que cambiaron de manera radical las reglas sobre quién puede saber, qué puede saberse y cómo se llega al conocimiento. Pasó con la invención de la escritura y tiempo después con la de la imprenta, que también estuvieron acompañadas de llamadas a la desconfianza, amenazas de castigo, prohibiciones, alarmas interesadas y fatuos discursos de superioridad. Recuerden que en ninguno de los casos la ignorancia salió victoriosa. Y no hay razón para que esta vez vaya a ser distinto.