José Javier Uranga y su pluma, ‘Desd’el gallo de San Cernin’
"Escribía desde la libertad y para la libertad. Tenía las ideas muy claras y el valor necesario, que no era poco, para expresarlas"

Publicado el 03/04/2025 a las 05:00
Hace unas semanas, la sección Diario del recuerdo (1975) daba noticia de la apertura de un expediente administrativo a José Javier Uranga Santesteban, Ollarra, director del periódico, por un artículo publicado en su columna Desd’el gallo de San Cernin. Era el cuarto de una serie de expedientes que amenazaban su continuidad en la dirección. Sucedió hace medio siglo. Este día de hoy es el más indicado para recordarlo, coincidiendo con la entrega del premio que lleva su nombre y responde a los principios y valores, los suyos, de un liberal sin dudas y un conservador sin aspavientos.
En 1990, cuando dejó el periódico al cumplir 65 años, José Javier Uranga podía sentirse contento por el trabajo realizado durante sus 28 años en la dirección. Diario de Navarra había alcanzado unas cotas de liderazgo empresarial y de penetración social que lo colocaban en primera fila de la prensa regional.
Fue un trabajo feliz, pero de una felicidad vivida en pasado, de forma retrospectiva. Porque el día a día del periódico en los años sesenta, setenta y ochenta del otro siglo encadenaba una sucesión de episodios difíciles siempre, duros a veces, que apenas le permitían disfrutar de las celebraciones.
José Javier Uranga escribía desde la libertad y para la libertad. Tenía las ideas muy claras y el valor necesario, que no era poco, para expresarlas. Independiente siempre, cerrado a presiones personales o institucionales, Ollarra sólo seguía el compromiso con el ideario del periódico, que él entendía como un compromiso con los lectores, una especie de pacto de fidelidad de ida y vuelta. El ejemplo periodístico de José Javier Uranga, la importancia del premio que lleva su nombre, responde a ese compromiso profesional y a la determinación de mantenerlo.
En los años de la dictadura soportó la amenaza de los expedientes administrativos sin alterar la altura ni el canto de su Gallo de San Cernin. Y sabía que se jugaba el puesto. Después, en los años de plomo de ETA, lo que se jugaba era la vida. Y también lo sabía.
Ollarra alentó la Transición y escribía abiertamente de reintegración foral para Navarra, dentro de una España democrática. Si alguna vez temió por su vida -había recibido amenazas-, su pluma permaneció inalterable.
Los asesinos de ETA le pusieron en la diana y le acribillaron a tiros a la puerta del periódico, pero Uranga salvó la vida entonces y salvó su compromiso con los lectores y con la libertad cuando volvió al periódico, tras un año de operaciones y convalecencia.
Después de todo y después de tanto, José Javier Uranga -el director, el compañero- se reincorporó como si regresara de una de sus caminatas por las tierras y la historia de Navarra: “Con los ojos de siempre -no hay ojos nuevos- he revivido viejas historias de caminos, de paisajes y de gentes amigas…”.