"Hablamos, sin saberlo, la lengua del toreo que no es un entretenimiento sino algo atávico e injustificable, poético y emocionante a la vez"

Actualizado el 30/03/2025 a las 23:38
Con qué verdad has matado ese toro maestro!, le espeta el subalterno a Roca Rey en la camioneta, después de una tarde en que se mascaba la tragedia, en la que vemos al torero pálido, aplastado contra las tablas entre los cuernos del toro. Son las imágenes de Albert Serra, dramáticas, espeluznantes, que ha filmado la corrida como nunca antes, lo que se ve y lo que se oye: esos ánimos y piropos que vienen desde el callejón y que el torero escucha junto al bufido terrible del toro ensangrentado que sufre enormemente -se ve en directo-, jadeante, con la mirada perdida, febril, hasta que muere con la lengua fuera mientras le cortan una oreja. Todo, en suma, verdad, como la verdad última e inapelable de la muerte.
Uno sale del cine sobrecogido, en la retina todavía las imágenes de la carnicera y la belleza al mismo tiempo, como ocurre a veces en la vida que es tragedia y gozo a la vez, y así asistimos a la ceremonia de vestir al torero empezando por unas mallas blancas, que apenas disimulan el bulto del sexo jaleado, los pantalones ajustados, la taleguilla, las medias con pespunte, mientras besa las estampas y le atan los machos -con cada gesto, con cada detalle de la fiesta la lengua ha labrado una metáfora: dar la puntilla, brindar al sol, tomar el olivo, el momento de la verdad.
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Hablamos, sin saberlo, la lengua del toreo que no es un entretenimiento sino algo atávico e injustificable, poético y emocionante a la vez. Con qué verdad ha matado el torero al toro que iba a matarle a él, comprobamos, aliviados. Eso es todo, ni metáforas ni gaitas. No hay otra cosa sino sobrevivir, es la lección. Qué mal futuro tiene todo esto. Qué distantes estamos, que escupitajo a nuestro mundo virtual. Terminaremos con los toros y a la vez también con el toro, pues nadie va a criar un animal así para nada. Será cosa de zoológico, como un bisonte triste y lleno de moscas. Cómo serán esos sanfermines sin corridas y sin encierro -no pueden ir uno si el otro- solo juerga y bebida, qué horas civilizadas y vacías, qué tardes de soledad.