"Transformando los planes de rearme en número de magia, el presidente del Gobierno ha prometido que no supondrán recortes en política social ni de un céntimo de euro"

Publicado el 15/03/2025 a las 05:00
Están pasando tantas cosas y lo hacen a tal velocidad que los poderes empiezan a ceder a la tentación de permanecer mudos, confiados en que el honrado pueblo no solo no les pedirá cuentas sino que les dará las gracias por haberle aliviado el peso de tanta historia concentrada de golpe. A eso puede deberse la falta de explicaciones del Gobierno acerca de la propuesta europea de aumento de gasto en defensa. El caso reclama una declaración pública solemne, una comparecencia en el Congreso con discurso y debate, o cuando menos otra carta abierta de Sánchez a la ciudadanía en la línea de aquella tan sensible y tan conmovedora de la pasada primavera.
Pero lo más parecido a una consulta popular que hemos visto hasta ahora ha sido la ronda de conversaciones con los partidos del pasado día 13 en La Moncloa. Fue una consulta sin guion ni objetivos, como corresponde al desbarajuste donde nos ha sumido el matonismo internacional reinante, pero sirvió para que Gobierno e invitados lucieran principios. Unos hicieron gala de tal altura de miras que hasta fueron capaces de estrecharse la mano, y otros se inclinaron por un activismo de camiseta que seguramente cuando haya llegado a oídos de Trump y Putin les habrá hecho recapacitar. Lástima que la cumbre de estadistas no ofreciera mejores resultados en cuanto a la postura española respecto a las nuevas políticas de defensa, la configuración de los ejércitos del futuro en Europa, la compra de armamento o el presupuesto de gasto militar.
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Ursula von der Leyen ha anunciado una inversión fabulosa, por un montante que no se sabe si impresiona más escrito en cifras (un ocho seguido de once ceros) o en letras (ochocientos mil millones de euros). Transformando los planes de rearme en número de magia, el presidente del Gobierno ha prometido que no supondrán recortes en política social ni de un céntimo de euro. No es probable que reduciendo el debate maduro a la alternativa entre cañones y mantequilla vayamos a contribuir gran cosa al orden internacional. Pero se conoce que aquí hemos agotado la munición a fuerza de disparar contra Begoñas y Ayusos, y los otros frentes nos vienen tan grandes que solo nos queda fuelle para el desistimiento a la manera unamunesca: que combatan ellos.