"Albert Serra filma de manera casi sobrenatural lo que el ojo no ve: el lance brutal entre el toro y el matador, cuyos sonidos escuchamos sobrecogidos"

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Juan Gracia Armendáriz

Publicado el 15/03/2025 a las 17:22

El cineasta catalán Albert Serra ha estrenado en cines su película-documental Tardes de soledad, que ganó la Concha de Oro del Festival de San Sebastián. Se diría que es un documental con aspecto de película o de película con aire documental. Qué más da. Las cámaras siguen al torero peruano Andrés Roca Rey y a su cuadrilla. Albert Serra filma de manera casi sobrenatural lo que el ojo no ve: el lance brutal entre el toro y el matador, cuyos sonidos escuchamos sobrecogidos. 

Las cámaras nos aíslan del entorno, no hay más espectadores que los de la sala del cine, absortos ante una sucesión de encuadres y alturas que lo sitúan en medio de la danza, rito y ceremonia cruel que se ejecuta ante sus ojos. Las escenas son de una potencia visual y sonora apabullante, inclemente. No se le ahorra al espectador el sufrimiento del toro, la sangre, los estertores; tampoco la fijeza pálida con que Roca Rey entra a matar con el rostro ensangrentado y las pupilas dilatadas. Las cogidas sobrevienen en un milisegundo. El espectador da un respingo en la butaca, como si lo viviera desde la arena. No menos intensas son las conversaciones en la furgoneta que trae y lleva cada tarde a la cuadrilla de la plaza al hotel. Impresiona el silencio de Roca Rey, ajeno a los halagos, con la mirada perdida hacia adentro. 

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Nunca habíamos visto cómo se viste un torero, un ceremonial homoerótico en el que el hombre se viste de mujer para burlar a la muerte en forma de tótem. Al margen del valor artístico del documental, hay que destacar que Albert Serra saca a la tauromaquia del folclorismo, del debate izquierda-derecha y otras falsedades. Nos muestra la danza de la vida y la muerte, lo que la sociedad infantilizada no quiere ver ni oír. ¿Defiende la tauromaquia? ¿denuncia su brutalidad? No hay más respuesta que la que el espectador encuentre. Por fortuna, hay cineastas que se niegan a sermonearnos. Albert Serra reformula preguntas eternas, no complace nuestra pereza intelectual con una respuesta inequívoca. Qué grande es -a veces- el cine español.

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