"Cardenal conoció de joven los goces de este mundo, fue enamoradizo y artista cotizado, pero tuvo una caída del caballo y terminó profesando en un monasterio trapense"

Actualizado el 09/03/2025 a las 23:34
He visto que se va a celebrar el centenario del nacimiento de Ernesto Cardenal, aquel cura con boina ladeada y barba blanca al que el papa Juan Pablo II amonestó con el dedo -Cardenal postrado ante él- en el aeropuerto de Managua.
Cardenal era entonces ministro del gobierno sandinista de Nicaragua y emblema de aquella teología de la liberación, que era a la que el Papa amonestaba en realidad. El propio Cardenal, como la mayoría, terminó distanciándose del régimen sandinista y enfrentándose a él, cuando se convirtió en un sistema despótico y corrupto bajo el mando de Ortega, una constante que parece acompañar a cualquier revolución.
Pero Cardenal fue también un gran poeta y un místico sorprendente que merece la pena recordar. Conoció de joven los goces de este mundo, fue enamoradizo y artista cotizado, pero tuvo una caída del caballo y terminó profesando en un monasterio trapense de Kentucky donde conoció a Thomas Merton, quien le introdujo en la meditación zen y en las alturas de San Juan de la Cruz.
¿ERES SUSCRIPTOR? AQUÍ TIENES MÁS INFORMACIÓN SOBRE ESTE TEMA
Amplía la información sobre OPINIÓN en la edición e-paper de Diario de Navarra, disponible a diario para suscriptores de papel y PDF
Merton fue un pionero en los años 60 del diálogo religioso con Oriente, y de la conexión profunda entre todas las religiones que, más allá de dogmas y culturas particulares, tiene en común una misma experiencia espiritual y un camino de conocimiento interior e intuición de lo divino. Una espiritualidad sin fronteras.
Tiene gracia que estas experiencias, que parecen fuera del mundo, les llevaran rápidamente a los dos a implicarse de lleno en él, a ponerse manos a la obra. Merton fue un activista por la paz y los derechos humanos en EEUU. “Si no terminamos con la guerra, la guerra terminará con nosotros”, escribió con palabras que hoy resuenan con fuerza.
Cardenal, aparte de dedicarse a derrocar a Somoza, fundó una comunidad ejemplar en Solentiname, con los pescadores de aquellas islas de Nicaragua, un ejemplo de vida evangélica. El siglo XXI, se ha dicho, será místico o no será, lo que, visto lo que está cayendo, parece cada vez más claro, pues sin una auténtica transformación interior no actuaremos de verdad y no cambiaremos nada.