Carta de los lectores

Chabolismo favelero entre Urroz y Erro... suma y sigue

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Juan de los Ángeles Cirauqui

Actualizado el 05/03/2025 a las 08:24

Parece que los retos del siglo XXI son el medio ambiente, la migración y el feminismo. Llevaban años en el debate teórico, y cuando la realidad ha arrollado a los poderes públicos, de pronto, se han volcado en abanderar posturas que, en realidad, les importaron bien poco poco antes: los asuntos mismos; las tomas de posición ni se las planteaban.

En lo que nos toca, primero tuvimos los rifirrafes a cuenta de los árboles -algunos para la cuesta de Beloso provendrán de otros países: atención a la huella de carbono y al refuerzo del negocio local (irónico)-, que algo ha sacado los colores a la actual corporación, pero en realidad, no ha supuesto mucha mejoría si analizamos caso por caso (y ojo con Sarasate: promete). De otras entidades locales hablé también (Estella, Zubieta, Egüés, Ultzama...), así como del furor del anterior Consejero de Obras Públicas en sus talas en los arcenes de las carreteras (¿recuerdan Mendillorri?).

Bien, ahora me gustaría poner el foco sobre algo con impacto en toda Navarra: las huertas ¿alegales? diseminadas por cauces de ríos, que detraen agua, no tienen saneamiento, albergan construcciones totalmente habitables (dense una vuelta por el primer portal inmobiliario de internet), encienden barbacoas a diestro y siniestro, constituyen grandes aparcamientos los fines de semana y cobijan a animales que, perdonen mi duda, no creo que estén en las condiciones que exige la ley de bienestar animal.

¿Botón de muestra? La carretera NA-2330 desde el cruce de Urroz hasta Erro: comiencen, como conductoras y conductores ocasionales (no hace falta más), a ver somieres como verjas, roulottes como casas, cabras y corderos junto a sillas de oficina (esto ocurre en una parcela justo en la entrada a Zalba), piscinas hinchables y construidas, antenas, saneamiento ninguno, fuegos de barbacoa en cuanto hace buen tiempo y un largo etcétera de ¿irregularidades? permanentes a lo largo de kilómetros de uno de los ríos señeros de Navarra.

Cuando Navarra era otra cosa, claro: ya saben, sin listas de espera kilométricas en Sanidad, sin chabolas faveleras brotando como setas en valles bien conservados, sin talas masivas de árboles... Vamos, cuando el gobierno no se arrogaba el medioambientalismo como bandera, pero hacía cumplir más la ley, no miraba tanto a otro lado y si construía Itoiz, lo hacía a cara descubierta, no yendo y volviendo sobre las alternativas a Ezkio mil y una veces. ¿En serio vamos a agujerear la Sierra de Aralar? Por supuesto que lo terminarán haciendo.

Porque a este gobierno, supuestamente progresista, el medio ambiente (los bosques, la vida vegetal, los cauces, los animales en condiciones deplorables, los acuíferos y las zonas especialmente protegidas) le importan nada. Podría escribir cada día una carta sobre un caso concreto de degradación ambiental en Navarra, a la vista de cualquier paseante jubilado como yo, y tendría para un año completo. Hoy le ha tocado a esa increíble proliferación de construcciones alrededor de un cauce que otrora fue una joya ambiental. ¿A qué autoridad compete? ¿Quién le pone el cascabel al gato entre tantos partidos progres y verdes que se han repartido la tarta del gobierno? A ninguno. Les gusta mirar a otro lado en lo obvio y sangrante, mientras nos obligan a separar la basura en doscientas fracciones, la mitad de las cuales se pierden en la acera. El virtuosismo de lo nimio: organice usted su basura con diligencia japonesa, que ya se encargan ellos de que el paisaje de Navarra sea chabolista, favelero y nefandamente antisostenible. ¿Se nos ríen a la cara o cómo llamaríamos a esto? Olé por ellos y ellas. O mejor, aúpa.

Juan de los Ángeles Cirauqui

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