"Cuesta asimilar estas nuevas maneras de ejercer el liderazgo, a medio camino entre el drama shakespeariano y la comedia burlesca, pero habrá que hacerse a la idea"

Actualizado el 28/02/2025 a las 23:47
Según el diccionario, uno de los significados de la palabra "mazo" es 'hombre molesto, fastidioso y pesado'. Si suponemos que "mazón" representa su aumentativo, habrá que admitir que una vez más se cumple el viejo adagio de «nomen est omen». El nombre es un augurio.
El apellido Mazón le viene al pelo a este asombroso presidente valenciano que parece empeñado en acompañar su caída de una cargante presencia en los telediarios y de continuas demostraciones de adherencia a la poltrona.
Lo que ha conseguido de momento es solo eclipsar la tragedia de octubre, que merecería seguir ocupando noticias y reportajes preferentes, y dejar también en segundo plano los preparativos del otro gran acontecimiento levantino de signo opuesto, las Fallas, llamadas este año a aliviar las heridas de la dana.
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Es como si no hubiera entendido nada de lo ocurrido en los cuatro últimos meses pero siguiese ahí, firme dentro de la burbuja construida por medio de silencios, omisiones y versiones parciales de los hechos que se contradicen unas a otras un poco en la escuela de Trump y los nuevos farsantes.
La mecánica de los bulos es sorprendente. No solo falsean la realidad, sino que a menudo son denunciados por los mismos que los propagan. Es la versión a escala política de aquello que en la vida doméstica siempre se ha atribuido al mentiroso compulsivo, que se cree sus propias mentiras.
Mazón no llega a creérselas -todo se andará-, pero sí cree en su utilidad como estrategia de autodefensa. Por lo pronto ha provocado que dejemos de hablar de muertos para hablar de horas y minutos de reloj. No de los efectos devastadores del diluvio, sino de la sesión del Cecopi.
No de Paiporta, Catarroja o Benetússer, sino del Ventorro. De esa manera los mezquinos son los otros, ocupados en naderías, mientras que él se presenta como abanderado de la reconstrucción y líder responsable con la mirada puesta en asuntos mayores.
Cuesta asimilar estas nuevas maneras de ejercer el liderazgo, a medio camino entre el drama shakespeariano y la comedia burlesca, pero habrá que hacerse a la idea. Mientras el PP siga paralizado por sus cálculos y no dicte sentencia, a los pobres valencianos les queda Mazón para rato.