Un Trump desatado ordena la rendición
El presidente rompe con todas las convenciones al insultar al Zelenski tildándole de “dictador”, acusarle de provocar una guerra que mide en términos económicos y exonerar al agresor Putin

Publicado el 20/02/2025 a las 05:00
Donald Trump parece empeñado en romper con todas las convenciones diplomáticas tras el giro radical que ha dado a la relación de Estados Unidos con Rusia y con Ucrania.
En un ataque frontal contra el país invadido, el líder de EE UU acusó este miércoles a Volodímir Zelenski de “dictador” y le responsabilizó de ser el causante de la guerra que mide en grotescos (y no contrastados) términos económicos por el millonario gasto en dólares causado a su país. De un conflicto que, a su entender, podría haberse evitado si Zelenski hubiese aceptado la pérdida de territorios antes de que Vladímir Putin ordenara la invasión de febrero de 2022.
Trump, al que Zelenski ve “en una burbuja de desinformación rusa”, tiende a generar ‘verdades alternativas’ que exoneran a los culpables y cargan contra las víctimas.
La anexión ordenada por Putin estuvo acompañada de revisiones históricas y proclamas que negaban la existencia de Ucrania.
Fue una decisión tan deliberada que sólo la mala fe es capaz de retorcer lo ocurrido. Como acaba de hacer el presidente de Estados Unidos, que exige elecciones con el ánimo de que los ucranianos opten por la claudicación que conlleva el propósito de la Casa Blanca de repartirse con Rusia o China las zonas del mundo que no puedan defenderse por su cuenta.
El cruce de declaraciones muestra cuál es el núcleo del problema: la pretensión cómplice de Trump y Putin para conformar un orden internacional que no esté sujeto a más anuencia que los acuerdos que en cada momento establezcan las grandes potencias entre sí.
La Unión Europa tiene motivos sobrados para denunciar la confluencia de intereses entre Estados Unidos y Rusia que le ha dejado fuera de la mesa de negociación de la paz. Pero al mismo tiempo no puede esperar a que la Casa Blanca rectifique si la Unión y cada uno de sus socios no se muestran consecuentes con la necesidad imperiosa de asegurar su defensa.
Y tampoco España puede pretender derivar hacia Bruselas el obligado incremento presupuestario en materia de seguridad. El ‘Gobierno de progreso’ de Sánchez no puede rehuir la responsabilidad.