Opacidad lingüística en la política

Publicado el 19/02/2025 a las 05:00
Algunos partidos políticos, cuando se refieren a sus oponentes, utilizan denominaciones muy diferentes que a los partidos que no están en su línea ideológica. Por ejemplo, cuando los partidos de izquierda se refieren a Vox, lo incardinan en la ultraderecha, pero, cuando se refieren a Bildu, muy pocas veces lo sitúan en la ultraizquierda.
La táctica de estigmatizar a unos, por oposición ideológica, frente al enaltecimiento de otros, por interés político, sólo crea animadversión, enfrentamiento y prejuicios. Si ambos, Vox y Bildu, entre otros, están en los extremos, deberían recibir en los medios de comunicación similar denominación por sus planteamientos.
Hay partidos independentistas de izquierda, como ERC, y otros de derecha, como PNV, y, también, de ultraderecha, como Junts, pero, genéricamente, se les llama nacionalistas o progresistas para camuflar los aspectos negativos que puedan representar ante su clientela.
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Ante la nueva ola de conservadurismo que traen las políticas de Donald Trump, casi nadie se refiere a ellas como medidas de ultraderecha, y pocos mencionan a los invitados de ultraderecha que fueron a su investidura: Giorgia Meloni, Santiago Abascal, Viktor Orbán, Javier Milei…En los medios se ha podido constatar un torrente de felicitaciones, al Sr Trump, llenas de una disimulada pleitesía, casi vasallaje, ante quien, se supone, que va a liderar el nuevo orden mundial.
Ante el nuevo mandatario de la Casa Blanca, se sospecha que muchos camaleones aparecerán en escena y, a buen seguro, se cuidarán de no utilizar términos peyorativos a los que estamos acostumbrados en España, cuando nos referimos a Vox. Es muy probable, que cuando se haga referencia a Trump, esos términos se suavicen para no irritar al Presidente o a sus representantes en la Embajada de EE.UU. en Madrid, con el afán de rendirle respeto y, es posible, también, que surjan muchos tartufos, o sea, mentirosos e hipócritas.
El hecho de formar parte de la coalición, del Gobierno actual, pese a la discrepancia ideológica, consagra a todos los partidos bajo el paraguas de “progresistas”, sin especificar quién es de izquierda y quién es de ultraizquierda y admitir, sin tapujos, la terminología “ultraderecha” para sus oponentes; poner bajo el paraguas el término “progresista”, sin especificar el posicionamiento ideológico de cada uno de los partidos de la coalición, conduce a confusiones del electorado y la sociedad en general.
Creo que nuestros políticos utilizan muchos eufemismos para mimetizarse como camaleones, y los ciudadanos agradecerían un lenguaje directo sin tantos tecnicismos, ni tanta retórica retorcida; deberían pensar que “España tiene un problema de escuela” –como dijo Emilio Castelar- y, por ello, deberían utilizar un lenguaje más coloquial, basándose en ejemplos para mejorar la comprensión de sus ideas y conceptos y, a su vez, clarificar los nuevos términos tecnológicos que van apareciendo, debido a que una parte de nuestra sociedad no se caracteriza por su amor a la lectura, y la información la capta por las vías audiovisuales; en mi opinión, las exposiciones que se utilizan en el Parlamento deberían tener un cariz más pedagógico, con el fin de ser menos farragosas, reducir el tono cansino, no abusar de las oraciones subordinadas y omitir el exceso de adjetivos zahirientes.
Al mismo tiempo, los Parlamentarios deberían utilizar una terminología lingüística más clara, sin opacidad, que enseñe a argumentar, haga referencias a nuestra Historia, afronte temas de actualidad, que interesen a nuestra juventud, fomente un diálogo constructivo y permita ejercitar la reflexión, enseñando a consensuar sin posicionamientos dogmáticos y excesiva carga ideológica y acentuando, de este modo, el pragmatismo en la solución de las necesidades de los ciudadanos.
Antonio Sánchez Asín. Profesor Titular Emérito de la Universidad de Barcelona. Doctor en Ciencias de la Educación.