"Es un libro muy especial, un libro que busca consuelo tras la pérdida de un amigo, esa desgracia irreparable"

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Pedro Charro

Actualizado el 16/02/2025 a las 23:38

El escritor bilbaíno Juan Bas, alma del prestigioso festival Ja! dedicado al humor, único en su género, ha publicado un libro titulado El pensamiento vuelve a la sangre en el que celebra su amistad con el escritor Fernando Marías, que ya nos dejó, y comparte sus anécdotas y reflexiones literarias durante 50 años. 

Es un libro muy especial, un libro que busca consuelo tras la pérdida de un amigo, esa desgracia irreparable, aunque entre escritores la amistad a veces es difícil, sobre todo cuando uno brilla más que otro. Escribir es un acto que requiere vanidad y llevar bien el éxito de los demás la pone a prueba. Melville dedicó Moby Dick a Hawthorne, con la secreta aspiración de aplastarlo con su genio. Ahí queda eso, quiso decir. Parece que Proust y Joyce compartieron un taxi a la salida de un acto en París, pero ninguno se interesó por la obra del otro. Incluso a esas grandes alturas se deben sentir celos. Las guerras y odios entre escritores y artista llenarían muchos tomos. 

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El siglo de oro español es también de pullas y desprecios refinados, de los que no escaparon Lope ni Cervantes. El agrio debate entre Sartre y Camus, tan celebre, siglos después, se inclinó con el tiempo hacia el triunfo de este último. A veces, toda una generación se forja en torno al rechazo a un viejo maestro que se denigra -Cela sería un buen ejemplo-. Se trata de matar al padre y ocupar su lugar. Quizás una de las rupturas más célebres fue la del Nobel indio Naipaul, un tipo difícil, y Paul Theroux. El caso contrario es el de Borges y Bioy, que cultivaron una amistad durante toda su vida, que corría paralela a la admiración de Bioy hacia Borges. 

Es justamente ésta, la admiración, la que nos salva de la triste competencia y de la envidia. La frecuentación no es necesaria para la amistad, decía Borges, pero sí para el amor, que está lleno de ansiedad y dudas, y el caso de Naipaul y Theroux lo demuestra. Te he echado de menos, dijo Naipaul tras quince años de silencio, al reencontrarse. Yo también, admitió Theroux. Nunca es demasiado tarde.

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