"La luna de La Promesa es siempre llena, sea cual sea la fecha, o los días transcurridos desde la última vez que salió, allá que brilla en el cielo en toda su redondez"

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Lucía Baquedano

Actualizado el 12/02/2025 a las 23:46

Desde que el hombre pisó la luna, cosa que todos pudimos ver desde nuestro televisor, la sentimos más cercana, más nuestra iluminando la noche como cuenta El Génesis. Y no solo sabemos de ella que está ahí para alumbrarnos cuando desaparece el sol, sino que puede mostrarse en cuatro fases, que a veces produce eclipses, o se ve más grande de lo habitual. Incluso, para mi sorpresa, en algunos lejanos países parece diferente a la que vemos aquí. 

-¿Qué es eso? –pregunté a mi amiga Rasami cuando desde la terraza de su casa disfrutábamos de la noche. 

-¿Eso? ¡la luna! –respondió. 

Y les aseguro que yo la veía distinta, más rojiza y luminosa. Claro, tal vez era el color de esa noche el que le daba aquel aspecto, qué sé yo... pero la verdad es que no hace falta ir hasta Tailandia para darnos cuenta de que la luna no es siempre igual, esté en la fase que esté. Unos días brilla más que otros y se recorta con mayor o menor nitidez sobre el cielo. Pues bien, después de mi sorpresa por la tonalidad de la luna tailandesa, llevo ahora una temporada que no salgo de mi asombro, ya que la luna de una serie de televisión tan sólo disfruta de una fase. 

La luna de La Promesa es siempre llena, sea cual sea la fecha, o los días transcurridos desde la última vez que salió, allá que brilla en el cielo en toda su redondez, ignorando las vicisitudes familiares de los Luján y su servicio, ajena sobre todo a que puede cambiar y ser nueva, creciente o menguante para variar, o engañarnos mostrándose en forma de C cuando está decreciendo y en forma de D cuando crece, porque dicen que le encanta ser mentirosa. Llevo tiempo observando esa luna de La Promesa, incluso he llegado a maliciar que se hizo una sola toma de la noche y la repiten cuando la necesitan. No lo sé. Lo malo es que ya me he cansado de una serie tan larga y lenta y no voy a enterarme de si un día aparece en ese cielo en forma de reluciente tajada de melón.

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