Sin productividad no hay bienestar general

Publicado el 03/02/2025 a las 05:00
"Productividad” es una de las palabras clave de nuestra economía que el presidente del Gobierno no se atreve a pronunciar cuando hace manifestaciones de acusado triunfalismo, como el reciente balance de 2024 lleno de cifras positivas. Quien escucha sin más conocimiento de causa, puede llegar a pensar que estamos en el paraíso. Pero los hechos son tercos y algunos, aún sin saberlo, se adhieren a la “boutade” de Carlos Marx de que “si los hechos no coinciden con la teoría, peor para los hechos”.
Que nuestro país crece más que nuestros vecinos -como se jacta profusamente el presidente- es un hecho estadístico que obedece a razones bien conocidas. Pero es considerablemente distinto que ese crecimiento no se traslade al bienestar de los ciudadanos, y esta es la principal y más importante sombra que se cierne sobre nuestra economía y sobre todo para la economía de nuestros ciudadanos. Una de las manifestaciones que iluminan de modo perverso esta afirmación es que, en tiempos de Franco -ahora que se le ha resucitado nuevamente-, un obrero podía comprar una casa y, en cambio, nuestro gobierno no es capaz de establecer una política coherente y robusta de la vivienda para que los jóvenes de clase media y carrera universitaria puedan adquirirla. Esta no es solo una de las principales preocupaciones de la sociedad española sino que es el resultado de un fracaso que no se va a resolver con intervenciones en el mercado como pretende el ejecutivo. Las reglas de la economía hay que respetarlas, pero antes hay que conocerlas.
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Keir Starmer, actual primer británico laborista y por ende socialista, ha afirmado en una reciente comparecencia, hablando sobre la sanidad de Gran Bretaña, que no está interesado en poner la ideología delante de los pacientes. Lo ha dicho ante el panorama desolador que presenta el NHS (Servicio Nacional de Salud, en sus siglas en inglés), que se encuentra al borde del precipicio. Mientras, nuestra ministra de Sanidad afirma que “no hay que hablar de MUFACE sí o no, sino cuándo se hace el traspaso al Servicio Nacional de Salud”. Es justo lo contrario de lo dicho por Starmer: pone la ideología delante de los pacientes; le parece más importante defender unas ideas respetables, pero trasnochadas, que ocuparse de los cientos de miles de pacientes que esperan una intervención quirúrgica, con unas listas de espera que producen verdadero rubor. El declive de la asistencia sanitaria en Gran Bretaña, que fue durante años un modelo a seguir, tiene raíces semejantes a lo que sucede en nuestro país: falta de inversión y de innovación, una organización obsoleta, carencia de una gestión moderna, etc., y todo ello se traduce en una escasez de la necesaria productividad.
¿Por qué es tan importante la productividad? Porque es el alma del buen funcionamiento de la economía, sobre todo cuando hay competencia entre las empresas y entre los países en una economía global. La empresa que es capaz de producir más barato que otras de su mismo ramo es más productiva, porque a igual calidad los clientes le comprarán más que a la competencia.
¿Por qué los empresarios son reticentes a que disminuya la jornada laboral media hora al día, con el mismo salario, como pretende la ministra de Trabajo, quien solo obedece a razones ideológicas? Porque nos hace menos productivos que las empresas de otros países y seremos menos competitivos. Por tanto, venderemos menos y nuestra economía se resentirá de una medida que se quiere vender con un planteamiento político que no respeta una regla básica de la economía. Los incrementos salariales -bienvenidos sean- han de ir acompañados de su equivalente en productividad si no se quiere que cierren empresas y aumente el paro. “Trabajar menos para vivir mejor”, afirma la ministra del ramo, lejos de la prudencia que exhibe el ministro de Economía, conocedor de las consecuencias de una medida que, aunque deseable por todos, solo sería prudente aplicarla con su equivalente incremento de la productividad. Este es el motivo último por el cual nuestro mayor crecimiento del PIB (Producto Interior Bruto), respecto de otros países europeos, no se traduce en una mejora de la renta real de las familias, al contrario de lo que sucede en países como Francia o Italia, con un crecimiento global inferior al nuestro.
La falta de productividad es la enfermedad silente que nos distancia de nuestros competidores europeos. El informe del Observatorio de Productividad y Competitividad de España, que elaboran la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), afirma que la eficiencia económica -que es la productividad, en otras palabras- está estancada en el último decenio, que va del 2013 al 2023. Esta afirmación, incluso para quienes se consideran ajenos al mundo económico, es muy grave. Nuestro fracasado sistema educativo tiene mucho que ver con todo esto, pero quizá hablemos de ello en otra ocasión.
Francisco Errasti. Economista