"Él es el bufón y el césar, el actor y el notario"

Actualizado el 25/01/2025 a las 00:05
El pueblo no suele reconocer las firmas de sus dirigentes. En esta era de sobreexposiciones e imágenes en ebullición nos hemos familiarizado con los rostros de cada uno, sus gestos, sus maneras de vestir, sus aficiones y a veces hasta sus ideas.
Pero en raros casos los relacionamos con su firma, ese último reducto de la identidad donde quedan plasmados los actos que les llevarán a la gloria o al cadalso según decida el signo de la historia.
Tampoco es que ellos se muestren muy interesados en lucirla, al menos no como se luce una sonrisa dentífrica ante las cámaras o unas frases ocurrentes desde la tribuna de oradores.
Los políticos ponen poco cuidado en trabajarse la firma porque saben de su escasa cotización en el mercado de los votos, a no ser que seas Donald Trump y conviertas la firma en otro gancho para capturar el corazón del votante hiperventilado.
Decir que a Trump se le ve orgulloso de su formidable firma es como no decir nada, porque este tipo proyecta orgullo en todo lo concerniente a su persona, desde la intrigante cabellera hasta las sentencias adversas de los tribunales.
Trump sabía que llevar su rúbrica de los contratos inmobiliarios a los decretos de expulsión de inmigrantes significaría haber conquistado la cima del poder. De ahí ese trazo grueso, enfático, desbordante y agresivo, que dibuja una especie de sacudida sísmica o el zigzag de un electro de pronóstico alarmante.
Contiene ese perfil de serrucho todas las emociones tóxicas de la política: la sed de venganza, el odio al diferente, la cólera analfabeta, la excitación pueril del mando, el desafío macarra y la amenaza bravucona.
En su caligrafía brutalista, la firma de Trump se adueña del papel como si la personalidad del firmante se quisiera imponer sobre el contenido del documento, que pasa a ser un mero apéndice de su ego cuando Trump toma el díptico con ambas manos y lo muestra abierto como quien exhibe un trofeo o imparte una bendición.
Parte de las primeras medidas de Trump como presidente han sido firmadas por él en el Capital One Arena, a la vista de un público fervoroso que celebraba cada firma como un triple. Él es el bufón y el césar, el actor y el notario. Su firma ya ha quedado grabada en nuestra retina indicando el camino del mundo hacia la barbarie.