En memoria de Gregorio Ordóñez

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Carmen Alba

Publicado el 23/01/2025 a las 05:00

Hace ya treinta años de aquel fatídico día en el que ETA asesinó en San Sebastián a Gregorio Ordoñez. Lo asesinó vil y cobardemente, mientras comía en el Bar La Cepa de San Sebastián.

Por aquel entonces, Goyo llevaba ya mucho tiempo hostigado por las continuas amenazas del mundo abertzale. Él mismo era muy consciente de los peligros que ello suponía, pero aún así, eligió seguir alzando la voz y trabajando por el bienestar de sus vecinos.

Esa incasable defensa de sus ideas fue, precisamente, la única razón del injustificable y trágico atentado donde acabaron con su vida. Simplemente porque hacía gala de sentirse vasco y español. Porque era una persona que luchaba por la libertad de pensamiento, la libertad de expresión y, en definitiva, que defendía la LIBERTAD con mayúsculas. Una visión de la sociedad que estaba en la antítesis del mundo abertzale.

ETA decidió matarlo para apagar su voz y con ella, apagar la voz de quienes le votaban y confiaban en él para ejercer como el altavoz de sus ideas. Y eran muchos quienes le apoyaban, tantos, que había posibilidad real de que ganara las elecciones municipales de aquel año, las de mayo del 95, y fuera nombrado alcalde de San Sebastián. Algo que ETA y el mundo abertzale no podían consentir.

Creyeron que con su asesinato iban a apagar su voz. Que iban a acallar a esas miles de personas que se veían representadas por él y compartían sus valores e ideales. No supieron ver la fuerza con la que Goyo y su incansable lucha habían entrado en los corazones de quienes le quisieron escuchar.

No, su voz no se apagó, la continuaron otros muchos. Entre ellos, María San Gil, que fue testigo de aquel atentado y, lejos de achantarse ante la violencia, decidió dar el paso de seguir siendo su voz, y continuar con su legado.

Goyo era muy claro hablando en una época en la que había mucho miedo, en la que la mayor parte de la gente que no se identificaba con el entorno abertzale no se atrevía a decir nada. Y aún así, en aquellos peligrosos días de señalamientos públicos y amenazas consiguió ilusionar con que aquella dictadura del terror podía terminar.

Tuve el honor y la suerte de conocerlo, de coincidir muchas veces con él en mis inicios en este mundo de la política. Una trayectoria que durante muchos años sufrió la sombra del terrorismo de ETA y que todavía hoy, pese a lo que muchos intentan hacernos creer, sigue presente en quienes justifican y no condenan sus acciones.

No se me olvidará lo que pensé cuando conocí a Goyo, allá por mi época en Nuevas Generaciones del Partido Popular. Recuerdo aquel mitin en el Teatro Victoria Eugenia con una claridad cristalina. Era un hombre valiente, claro y honesto hasta decir basta. Decía lo que la mayoría pensaba sin miedo. Algo muy poco común por aquel entonces y que me llevó a pensar: “A este chico lo matan”. Ojalá hubiera estado equivocada, pero unos años más tarde así fue.

Recuerdo una de las últimas veces que estuve con él, no llego a recordar si fue la última. Nos ayudó a los miembros de Nuevas Generaciones del Partido Popular a organizar en Pamplona unas jornadas donde él mismo participó como ponente. El título de esas jornadas: “Violencia Política”, fue, desgraciadamente premonitorio.

Para quienes fuimos testigos de aquella terrible época, el dolor provocado por ETA nunca va a desaparecer. Pero, aunque hemos aprendido a vivir con ello, lo que más nos entristece es que las generaciones venideras, aquellas posteriores a 1995, no saben, en su mayoría, quién fue Gregorio Ordoñez. Es incomprensible que hechos como este y como los más de 850 asesinatos de ETA no se trasmitan a los jóvenes. Es, cuanto menos, una aberración.

El asesinato de Goyo provocó el comienzo del fin social de la banda terrorista, Tras muchos años de terror, ETA por fin empezó a perder la calle. La respuesta ciudadana en San Sebastián fue rotunda. Y tanto allí como en Pamplona, Vitoria, Bilbao y otras muchas ciudades se empezó a perder el miedo a manifestarse en su contra.

Pero esto no se cuenta en los colegios como parte del currículo. Hay una voluntad de que este sufrimiento se olvide y que esta página negra de nuestra historia sea borrada.

Hoy escribo estas pocas líneas en memoria de Gregorio Ordoñez y en memoria de todos aquellos que fueron asesinados por ETA, asesinados por defender la libertad de todos, por pensar diferente, por ser españoles. Muchos de ellos, en especial sus familias y quienes sobrevivieron, se vieron arrastrados a una segunda muestra de violencia. No recibieron ni una mínima muestra de apoyo social por la dictadura del miedo que dominaba las calles. Eso empezó a cambiar tras el asesinato de Goyo.

Como sociedad, no podemos permitir que esto se olvide, que todo esto sea blanqueado. Los 60 años de violencia de ETA dejaron muchas vidas truncadas, muchas familias rotas, mucho sufrimiento. Precisamente por eso escribo estas líneas, para que nadie olvide el sacrificio de tantas familias, para que nadie blanquee sus asesinatos.

Y no olvidemos tampoco que EH Bildu, heredero de la HB de entonces, sigue sin condenar los más de 850 asesinatos.

No olvidemos tampoco, el cambio radical del PSOE que ahora parece haber olvidado aquella violencia. Hace treinta años hubiera sido impensable que el PSN apoyara a un alcalde de EH Bildu en Pamplona.

Sirva este texto para dar las gracias a Gregorio Ordóñez por su vida, por su dedicación, por su sacrificio. Por hacernos ver, incluso tras su muerte, que la injusticia del terror y la violencia ideológicas eran y son algo intolerable en una sociedad libre.

Va por ti Goyo y por tantos otros.

Carmen Alba Orduna. Concejala del Partido Popular en el Ayuntamiento de Pamplona

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