El Rincón
Hasta Aragón nos gana por goleada: es la hora de coger el toro por los cuernos


Publicado el 12/01/2025 a las 05:00
Vaya manera de comenzar el año lectivo tras la tregua navideña. Y no es una referencia a la epidemia de gripes y catarros que marcan la vida cotidiana de los hogares navarros estos días, no. Es una referencia a otra epidemia, la de la pérdida de la cordura entre quienes más necesitamos que la conserven.
Como si el mundo se hubiera vuelto loco para recibir 2025. ¿Exageración? Vamos a los hechos. El próximo presidente de los EEUU, Donald Trump, no descarta usar la fuerza para quedarse con Groenlandia, territorio de Dinamarca rico en tierras raras, mientras agita afanes expansionistas también hacia Canadá o el Canal de Panamá. Su máximo aliado, el hombre más rico del mundo, Elon Musk, bendice a la ultraderecha en Alemania usando el inmenso poder de comunicación que le da la red X (antes Twitter), de la que es propietario. Todo antes de acceder a la Casa Blanca, con lo que augura una tormentosa relación con Europa. En Venezuela, Nicolás Maduro se auto proclama presidente haciendo oídos sordos al clamor de sus conciudadanos. Otro fracaso para la democracia.
En nuestro país, el despropósito gubernamental no para de subir enteros. Un PSOE que ahora busca zafarse de los casos judiciales que le atenazan (de la mujer del presidente al del fiscal general) y propone una ley para intentar que los casos mueran antes de que los jueces puedan dar su veredicto. Un atropello, criticado por todas las asociaciones judiciales, que no provoca ni un sonrojo en sus promotores, prueba de la pérdida del sentido de la sensatez que impera en la vida política.
El anuncio del cierre de BSH. Este puñado de ejemplos, sólo de la última semana hacen prever que nos adentramos en un año repleto de sorpresas, y, las primeras, están siendo además, de las malas.
¿Y en Navarra? Pues el anuncio del cierre de la planta de electrodomésticos de BSH en Esquíroz sigue marcando la agenda y ejemplifica la crudeza de la realidad. La noticia, en plena pre-Navidad, fue un puñetazo colectivo que ha sacudido la imagen de una comunidad que presume de su industria y de su pujanza y que se encuentra de frente a la cara B del mundo en que vivimos. El cierre de la planta supondría la desaparición de más de 1.000 puestos de trabajo, más de 600 en la propia fábrica y otros 400 al menos de las empresas que le sirven y son proveedoras. Son otros tantos dramas humanos de primera magnitud.
El Gobierno de Navarra, por supuesto, no es el responsable de esta marcha, de esta deslocalización para ahorrar costes (sí, esa es la lógica de la vida empresarial). ahora, al Ejecutivo le toca implicarse en buscar otras salidas. La reunión en el ministerio de Industria, en Madrid, de la presidenta Chivite y los consejeros Irujo y Maeztu con los directivos de la multinacional alemana es un paso.
Es cierto que la empresa no ha dado marcha atrás en su decisión de cierre prevista para el mes de junio (tampoco la improvisó en diciembre), pero ha dejado una rendija abierta con una mesa de estudio de alternativas. Ojalá haya opciones.
Motivos para la reflexión. El Gobierno, además de actuar como bombero ante un incendio social de esta magnitud, sí tiene una responsabilidad mucho más evidente. Es quien debe promover que la Comunidad foral tenga un ecosistema que ayude a atraer empresas y talento personal. Y la señales de que las cosas no van bien son clamorosas. La decisión de varias empresas relevantes de trasladar a Madrid su domicilio social (y luego fiscal) desde Navarra es un síntoma de los de encender las luces rojas. Las empresas lo hacen porque pagan allí menos impuestos.
Y el problema no es una sede social, sino un sistema que no tiene en cuenta el mundo competitivo en el que vivimos a la hora de atraer el empleo del futuro. Nos guste o no. ¿Alguien entiende que la vecina Aragón vaya a recibir 40.000 millones en inversiones tecnológicas, incluida una fábrica china de baterías eléctricas, y ni una sólo de todas ellas haya recalado en Navarra?
Pues debiera ser un motivo de profunda reflexión para la élite político-administrativa de nuestra comunidad, que prefiere ver la botella siempre medio llena. Porque ya no es que el País Vasco tenga un régimen fiscal mucho más atractivo que Navarra. Es que hasta Aragón, que no tiene una fiscalidad singular, nos adelanta por goleada en este año. Lo inteligente es coger el toro por los cuernos, no negar la realidad.