Cartas de los lectores
Muerte en una montería: de la pasión vino la tragedia


Publicado el 11/01/2025 a las 05:00
El pasado 21 de diciembre compartía un día de montería en Ciudad Real con otros 50 monteros. El orgánico, ese señor encargado de dar la montería, montó o puso un secretario por armada para el control y buen juicio de los puestos. En mi armada este postor fue un hombre mayor sencillo y afable con el que fuimos conversando hasta llegar al puesto. Nos colocamos cada uno en nuestro sitio y antes de soltar los perros se oyeron los tres o cuatro primeros disparos, presagiando que la finca como nos habían dicho estaba bien de caza. Aun las rehalas no habían entrado al monte cuando el puesto de abajo me gritó “a recoger las armas que han matado a una persona”. Yo que llevo monteando de manera incesable e intensa 30 años de mi vida por todo, siempre nos ha tocado ver algún susto, pero nunca esto y menos, en esta situación. Diferentes pensamientos se agolpan en mi cabeza ante tal frase, prevaleciendo el horror del hecho. Después de recoger las armas nos dirigimos a reunirnos para volver a la casa de donde habíamos salido. El hombre mayor no paraba de decirme “estoy llamando a mi hijo por teléfono y no me coge, no me coge” y es que su hijo de 35 años también había ido de secretario. En este estado, intentamos tranquilizarlo diciéndole que igual no había cobertura o que por los hechos no podía ponerse en contacto. Cuando salimos de la finca, este señor que iba de copiloto recibió la noticia de que el fallecido era su hijo. Me va a costar recuperarme, todavía lo estoy sintiendo y lo que viví con él hasta llegar a la casa es muy fuerte. Desde que hace 25 años las poblaciones de caza menor han caído drásticamente, la población cazadora de menor se ha pasado a la mayor incrementando los rifles y servicios. Por favor, hay que ser escrupulosos con la seguridad porque después ya no hay vuelta atrás. Solo pido fuerza para seguir adelante a ese padre y abuelo que perdió a su hijo, sin saber por qué.
Ángel Moracho Jiménez