Síntomas preocupantes en el tejido empresarial
"No se trata de dibujar un panorama apocalíptico para la industria navarra. Pero el Gobierno de Chivite ni puede ni debe obviar algunas señales que exigen huir de la complacencia y trabajar"

Publicado el 20/12/2024 a las 05:00
La actualidad económica y empresarial viene arrojando noticias cuando menos preocupantes en Navarra. En apenas dos semanas, se ha conocido que han trasladado sus sedes sociales a Madrid la constructora ACR, la mayor empresa del sector de la construcción en la Comunidad foral, y el grupo panadero Monbake, que integra las marcas de Berlys-Panasa-Taberna y Bellsolà. Además, el estudio de Informa D&B conocido este miércoles recoge, en el informe del tercer trimestre del año, el cambio de domicilio desde Navarra de otras 54 empresas. Pero sin duda, el mayor mazazo para la industria de la Comunidad foral ha venido del anuncio del cierre de BSH Esquíroz, y que afecta entre empleos directos e indirectos a unos 1.000 trabajadores. No se trata de dibujar un escenario apocalíptico para la industria Navarra, ni mucho menos. Pero tampoco de dar la espalda a unos síntomas que, a la vista, se presentan tozudos y ante los que es obligado actuar. Precisamente ahora, que es cuando hay margen y mimbres para ello, huyendo de la autocomplacencia mal entendida. De ahí la exigencia al Gobierno de María Chivite, empecinado en el cortoplacismo político, de trabajar en un doble escenario. Por un lado, el inmediato, en el caso de BSH, para implicarse con denuedo en tratar de revertir la situación en el plazo de escucha que ha abierto la empresa, tal y como ya ha anunciado el Ejecutivo foral que va a hacer. Y por otro, en el medio y largo plazo, para crear el marco y sentar las bases, de la mano del diálogo y la escucha verdadera del tejido empresarial y los agentes implicados, en aras de seguir siendo competitivos y atractivos en un mundo cada vez más global e interconectado. Es obvio que en la economía de libre mercado las empresas toman las decisiones más convenientes para sus intereses. Pero no es menos cierto que el atractivo y las medidas que se adoptan en los distintos territorios ayudan a inclinar esas decisiones. Ahí está el ejemplo de la vecina Aragón. Navarra cuenta, entre otras, con herramientas fiscales que pueden ayudar. Y tienen dónde mirar y estudiar. Porque lo que está en juego no es salvar gobiernos. Se trata de sentar las bases de la Navarra del futuro que ayuden a mantener una calidad de vida cuyo avance, según un estudio de los colegios de economistas, es casi imperceptible en los últimos quince años.