Sombrero de cowboy en Pamplona

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Chapu Apaolaza

Publicado el 18/12/2024 a las 05:00

El mundo se tambalea y, entretanto, van a abrir una tienda de sombreros en Pamplona: me lo ha contado Mariano. Prometen que venderán, entre otros artículos, Fedoras y piezas de cowboy, y a mí la esperanza de comprarme un sombrero de vaquero me parece una buena razón para seguir viviendo. Para ir a los toros o pasear por Sarasate sonriendo distante y socarrón como John Wayne cuando deja ir a la chica en El hombre que mató a Liberty Vallance. La apertura de una tienda de sombreros es una prueba de vida de nuestro pueblo, pues lo que parece accesorio es, en realidad, lo más necesario. Todas las pirámides de nuestras necesidades están coronadas por un buen Panamá que hable bien del que lo viste. Antes de cerrar, Álvarez tenía buenas prendas; lo difícil era comprárselas. A mí me costó hacerme con una buena boina; como para pedirle un sombrero de cowboy… 

En Salamanca entré en una tienda de ropa de segunda mano al peso y me compré un buen Mayser alemán que habría pertenecido a un muerto, naturalmente. Cuando me lo pongo pienso en aquel hombre. Quizá era presumido, temía a Dios, o pasaba el invierno con los pies fríos. Si la gente necesita sombreros es que aún conserva cierta ambición espiritual ahora en estos tiempos brutales en que todo parece cosa de comer, de beber, de encamarse y vivir se está convirtiendo en un ejercicio vulgar de sobrevivir. Como si fuéramos el Gobierno. El sombrero, en cambio, denota un mundo interior en el que lo lleva. El hombre que se cubre la cabeza es humilde y es orgulloso al mismo tiempo, teme y es audaz de una sola vez. 

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Es un hombre, vaya, y no una alimaña que huye. O al menos se toma por alguien, lo que es ya un paso. En Madrid han abierto unos cines nudistas como signos de la deconstrucción humana. Son prueba de la voluntad de desconocer el vestuario, que es civilizatorio. Solo podría admirar a un nudista si vistiera sombrero. También se han puesto de moda los restaurantes en los que se comen los alimentos crudos y mezclados en ensaladeras que parecen txerri jana y son todos del PETA. La barbarie que nos acecha desconoce las bestias, el fuego, la ropa y, lo que es peor, el gusto. 

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