"Todo el argumentario apunta a que, en lugar de ser padre, deberías comprarte un Tesla con el que serás verdaderamente feliz"

Actualizado el 04/12/2024 a las 23:24
Santo del niño Javier. “¿Papá, uno y dos cuantos son?”, me pregunta. “Tres, hijo”, le respondo, y me corrige. “No, papá son doce”. Javier, que es un niño torero, intercala sus pasatiempos intelectuales con la acción imaginada en la que siempre hay pelea, disparos y lucha, cosas que chocan, que corren y que aceleran en contraste con ese plano del pensamiento puro en el que de pronto queda suspendido, estático, interior. Ahora juega con las palabras como un académico de la lengua: “Palabra con Z: ‘celebro’, papá. El ‘pampiro’ te come el celebro”. Todos mis hijos temen que un vampiro o un zombie les coma el ‘celebro’.
Tengo niños de Béla Lugosi. El temor es infundado, pues les va a comer la cabeza mucha gente, pero no los vampiros. Un informe de Save The Children sostiene que criar a un hijo cuesta a los padres 758 euros al mes. Muy caro. Por aquí se aparece el hijo como si fuera un renting del coche y se desliza todo lo que podrías hacer con el dinero que te gastas en un hijo: ir de vacaciones a Tailandia, comprarte un barco, llegar a Dakar en moto. El hijo carga con todos los prejuicios, por ejemplo el de ser caro. Nadie se pregunta cuánto cuesta mantener una mujer o un marido, o un padre enfermo.
¿Tu padre enfermo te empobrece? ¿Y un perro? Ando cavilando por qué te cuesta el hijo a ti, si el dinero es tan suyo como tuyo. Igual tú eres el que le cuestas a tu hijo: la cena en Diverxo, la tabla de surf a tu edad, papá, las entradas para ver a Morante, los abonos de Pamplona. Sin conocer las estadísticas apostaría a que cada padre le cuesta a su hijo más que lo que le cuesta el hijo al padre. Los hijófobos habituales se aparecen a advertir que un niño te empobrece.
El hijo garrapata que te chupa la sangre de tu feliz economía se suma a las otras imágenes deformadas que aparecen en las contraportadas antinatalistas: el hijo que te esclaviza, te sofroniza, te vuelve loco, te roba la vida, ese extraño que, dicen, se te agarra la teta, Edipo, Electra, ¡no te realizas! Todo el argumentario apunta a que, en lugar de ser padre, deberías comprarte un Tesla con el que serás verdaderamente feliz.