"Resulta sorprendente la unánime inclinación, aquí, en Soria o en Almería, a elegir los cascos antiguos para llenar locales, beber y hacer ruido"

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Jose Murugarren

Actualizado el 03/12/2024 a las 00:05

Por alguna razón ‘lo viejo’ es en todas partes un lugar favorito para reunirse en el ocio. Resulta sorprendente la unánime inclinación, aquí, en Soria o en Almería, a elegir los cascos antiguos para llenar locales, beber y hacer ruido. 

Desconcierta todavía más la naturalidad con la que colectivamente aceptamos que quien vive en esta parte de la ciudad debe pagar la centralidad de que disfruta con el peaje de sufrir la música alta, la concentración de bares y los gritos a las tantas como contribución a la normalidad contemporánea. 

El Casco Viejo no es un barrio cualquiera, es un poco de todos, es el corazón de la Pamplona histórica, nuestra seña de identidad y por eso lo explotamos, lo mostramos y nos jactamos de su arquitectura y su ambiente. Este es el argumentario. Orgullo pamplonés. Sirve aquí, en Valencia o en Cádiz. 

Pero qué a gusto, nos decimos al regresar a casa en Mendebaldea, Rochapea, Lezkairu o Txantrea por ejemplo, después de cenar, beber, cantar en la sobremesa, bailar por los bares de lo viejo y socializar con tantos amigos! ¡Qué a gusto la vuelta de cada quien a su nido, abrir el portal en la noche callada que deja oír hasta los muelles del ascensor! 

¡Qué alegría la puerta de casa que se abre al paso de la llave en la inmensidad del silencio! ¡Qué bien entrar en la cama mullida y con el pijama puesto mirar por la ventana la luna a una hora en la que, en San Nicolás, la Estafeta y en tantas otras calles del casco viejo la noche es solo la hora punta de la actividad hostelera! 

Hay algo excesivo en este comportamiento de concentración recurrente en un mismo lugar que olvida que detrás de las ventanas que vemos sentados con una copa de vino en el bar, hay vecinos. 

Gente que como el resto se levanta a trabajar, necesita dormir, gente como usted o como yo, vecinos de carne y hueso que pagan contribución y tasa de basuras. Que el Ayuntamiento apriete y reclame minimizar los ruidos que producen los bares solo es devolver a los vecinos una pequeña parte del derecho al bienestar que les asiste.

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