"Resulta frustrante que para el futuro del monumento a los Caídos no se haya buscado una salida pactada, unánime incluso"

Actualizado el 25/11/2024 a las 23:18
Hay asuntos que identifican la distancia entre los partidos políticos. Si hablamos de enseñanza, la izquierda reforzará la pública y la derecha buscará empoderar la privada. Si el debate es de impuestos, los liberales reclamarán menos presión y los socialistas que pague más quien más tiene y si el tema gira en torno al euskera los nacionalistas exigirán mayor despliegue. Para estar en uno u otro criterio el fundamento es un vínculo ideológico. Cada uno el suyo. De ahí el abanico de soluciones que arbitran a partir de sus posicionamientos. Pero hay otras materias en las que por encima de la frecuencia en que cada partido emite debería propiciarse el consenso, el acuerdo compartido, expresión de la máxima sensibilidad en política.
Resulta frustrante que para el futuro del monumento a los Caídos no se haya buscado una salida pactada, unánime incluso. Decía Azorín que las personas de acción o actúan o son sensibles, como si lo uno y lo otro resultaran antagónicos. “La sensibilidad es el disolvente de la acción”, remataba cáustico el escritor convirtiendo en irreconciliables ambas ideas. Restaurar o derribar y resignificar el edificio más polémico del urbanismo pamplonés reclama participación e implicación.
Al contrario de lo que postulaba Azorín es necesario máxima sensibilidad y también acción y probablemente una confianza entre distintos que no existe. La oposición cuestiona una tras otra las iniciativas que propone el gobierno y quienes gestionan parecen temer que un proceso así movilice maniobras dilatorias, ralentice proyectos y acabe paralizando la acción pretendida.
La propuesta de PSN, Bildu y Geroa no es ni mejor ni peor que otras, pero deja fuera la reflexión de partidos relevantes y de asociaciones memorialistas y herederas de las víctimas del horror de la guerra civil. Resolver este reto es una cuestión de máxima relevancia, política, urbanística y de justicia restaurativa pero sobre todo debería abordarse como una experiencia de intervención desde el debate y la participación, un antídoto contra el ordeno y mando que lo levantó a golpe de imposición. El elixir para cerrar heridas es la sensibilidad. Primero sensibilidad para el acuerdo y después, el plan de acción.