Cartas de los lectores

¿Hacia dónde va Navarra?

Dice Chesterton en su libro Ortodoxia que “No amaron Roma por ser grande, sino que Roma fue grande porque la amaron mucho”. Y aquí está el quid del asunto. Los que gobiernan Navarra, no quieren a Navarra. No la aman

La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, durante el primer Debate del Estado de la Comunidad foral de la legislatura
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La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, durante el primer Debate del Estado de la Comunidad foral de la legislatura
La presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, durante el primer Debate del Estado de la Comunidad foral de la legislatura

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Laura Arribas Berendson

Publicado el 23/11/2024 a las 05:00

Leemos en el Diario de Navarra de los últimos días que los datos del BBVA respecto al crecimiento de Navarra no son nada alentadores. El crecimiento para Navarra medido a través del PIB (Producto interior bruto) en 2024 es del 2,5% frente al 2,9% nacional. Esto sitúa a la Comunidad foral entre las cinco comunidades con menor crecimiento, solo por encima de Asturias (2,4%), Cantabria (2,3%), Extremadura (2%) y País Vasco (2%). Esta información difiere sustancialmente con los datos que esgrime la presidenta María Chivite que pasa por encima y se refiere a su gobierno como “un gobierno que funciona y avanza, que genera confianza en la ciudadanía, y que antepone el trabajo por Navarra desde una alocución abierta y plural en el plano social y político” … Para llevarnos las manos a la cabeza…

Navarra está estancada. La niña de nuestros ojos no crece adecuadamente. Urge una UCI regeneradora para ponerla a punto y que recupere la salud. Dice Chesterton en su libro Ortodoxia que “No amaron Roma por ser grande, sino que Roma fue grande porque la amaron mucho”. Y aquí está el quid del asunto. Los que gobiernan Navarra, no quieren a Navarra. No la aman. Quieren hacer de ella una mercancía de usar y tirar, a la orden de fuerzas de poder superiores que no atinamos a conocer claramente. ¿O tal vez ya se están dando a conocer, ahora que está tan en boga descubrir y arrancar las máscaras a personajes de poca monta? No hay lealtad en la gestión de las autoridades. Ni lealtad al pueblo ni amor por el pueblo. Ellos, los gobernantes, elegidos a dedo, responden a otros intereses. ¿Qué razones subyacen en los hombres y mujeres que trabajan por el pueblo navarro? Sin lealtad, no caben reformas. Sin lealtad y amor, no debería de ponerse en marcha ninguna reforma propuesta por ellos. Todo viene envuelto con el papel de la duda ante las “buenas intenciones” que proclaman. Habría que mirarlo todo con lupa.

No me voy a entretener demasiado en la previsión ni predicción de los números para los siguientes años. Basta caminar por las calles de la ciudad para ver una gran cantidad de empresas, esas tiendas de toda la vida, con sus puertas cerradas sin nadie que las continúe. La ciudad, en muchas zonas, tiene un aspecto lúgubre. Los datos económicos hablan de que la evolución del empleo ha sido algo peor de lo previsto, del estancamiento de la industria y en que los servicios no han crecido tanto como en España. Que se prevé una mejora para 2025 en función del turismo, que está llegando al límite de capacidad en España y en los menores costes de producción. Y, agregan, que en la medida en que se recupere Europa y tire de las exportaciones, Navarra mejorará… Datos provisorios que no me merecen confianza. Solo falta que, de no cumplirse, la culpa de todo la tenga Trump. Nos encanta buscar culpables fuera, antes que asumir nuestra responsabilidad. Es mucho más sencillo y menos comprometido.

Mientras tanto, la bandera de Navarra vuelve a ondear rota y deshilachada. Me pareció ver que la habían cambiado. Pero parece que la calidad de la tela con que está hecha no resiste el viento fuerte de Navarra. ¿Cuántos navarros se dejaron la vida luchando por esa bandera? ¿Qué dirían si levantaran la cabeza? Una bandera en mal estado nos debería increpar y animar a luchar por ella. Es que, en este contexto, no puede ser de otra manera. No aman a Navarra. No les importa el estado de la bandera ni de los símbolos patrios. Quieren liquidar cualquier símbolo que recuerde la trayectoria histórica, su simbolismo identitario para la comunidad foral, zarandeada por intereses oscuros. La bandera de Navarra, con su fondo rojo y su escudo central, fue oficialmente adoptada en 1982 como emblema de la Comunidad Foral de Navarra, después de que se reconociera su autonomía dentro del sistema político de España. Y los coros y el himno de Navarra siguen excluidos de la celebración del Día de Navarra. ¿Cómo se sostiene esta situación? Es inaudito. Y la realidad grita con voz profunda, frente a nuestros ojos, a nuestras manos atadas y el alma adormecida, atrapados en las redes de nuestra propia democracia, de nuestras propias leyes.

Este escenario contribuye al desarraigo cultural de los jóvenes y de las futuras generaciones. Arrastra a la pérdida de la identidad, y, en definitiva, al desarraigo y a la privación de los vínculos que hacen fuerte a una sociedad. Es lo que quieren conseguir. Una sociedad sin raíces y frágil. Fácil de manipular. ¿A dónde va Navarra? ¿A dónde quieren llevar a Navarra? ¿Dónde estás, dónde estás… María?

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