"Como aquí tener miedo está mal visto, la sospecha se extiende a todo lo que sean avisos, alarmas y toques de atención"

Actualizado el 22/11/2024 a las 22:42
Temer o no temer: esa es la cuestión. Tan acostumbrados estamos a percibir la realidad a través de las pantallas y en forma de ficción que afrontamos las situaciones de peligro con el mando a distancia, como si fuera posible hacer zapping cada vez que el cambio climático nos asfixia la mente o se nos pone un nudo en el estómago al ver el misil balístico intercontinental surcando los cielos.
Elegimos sesión de miedo si nos sentimos fuertes o serie de evasión si nos pilla bajos de moral, pensando que todo se reduce a una cuestión de salud anímica con independencia del grado de peligro objetivo que se presente.
En el actual escenario de policrisis no faltan motivos para echarse a temblar. Los gobiernos de varios países nórdicos han distribuido entre sus ciudadanos unas guías con recomendaciones en caso de emergencias de todo tipo, desde ataques nucleares hasta catástrofes naturales.
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Uno piensa que de haberse hecho así en Valencia tal vez habría bajado el número de muertos por el cataclismo, pero nunca se sabe. En las sociedades del norte de Europa existe una cultura de la prevención de riesgos que permite encarar las contingencias con ciertas garantías.
Los mediterráneos, por el contrario, nos dejamos llevar por la inconsciencia y el exceso de confianza. Hay que reconocer que después, cuando ya ha ocurrido lo peor, sacamos nota alta en resiliencia, empatía y solidaridad. Pero los destrozos ahí quedan. Son dos formas de respuesta a los imprevistos: una racional, fría, anticipatoria; otra épica, estoica, sentimental, que aparece una vez que las cosas ya no tienen remedio pero aún es buen momento para los gestos, ya sean de indignación o de entrega.
Como aquí tener miedo está mal visto, la sospecha se extiende a todo lo que sean avisos, alarmas y toques de atención porque unos lo toman como signo de flaqueza y falta de carácter y para otros viene a ser una manera de atraer los males. Visto el resultado de las últimas experiencias extremas, habría que hacer un pequeño esfuerzo para salir de esta especie de analfabetismo en materia de riesgos.
De nuestra fragilidad ya tenemos pruebas sobradas; a eso se suma que acechan negros nubarrones por doquier. No es que haya que hundirse en la miseria, pero tampoco vendría mal un poco de realismo preventivo.