"Resulta así que la singularidad de Pamplona reside en algo que no hay país, región, ciudad, barrio o aldea que no predique de sí mismo"

Publicado el 16/11/2024 a las 05:00
Cuando el matemático Robert Recorde inventó el signo de igual no podía imaginar que cinco siglos después esas dos sencillas rayitas horizontales y paralelas vendrían a representarnos a todos los pamploneses y las pamplonesas.
Esa parece al menos la pretensión de la última campaña de marca promovida por el ayuntamiento de Pamplona, que cuelga de las farolas como hace un año colgó otra de propósito similar -mostrar un sello de identidad o, si se prefiere, dar un golpe de autobombo-.
Se ve que a las puertas del invierno la ciudad se pone frente al espejo para reflexionar acerca de su idiosincrasia, tal vez sosteniendo un cráneo en la mano, y después de esa honda meditación decide mostrar lo que ahora llaman su mejor versión.
La última vez el retrato iba ligado a la calidad de vida, donde según un estudio de dudosa procedencia Pamplona ocupaba el primer puesto del ranquin nacional de capitales. Ahora el eje son los valores representados por sus gentes.
Si no he leído mal el informe que sustenta la campaña, el paisanaje local se caracteriza por la autenticidad, la lealtad, la nobleza, el esfuerzo, el orgullo de lo propio, la discreción, la creatividad, el sentido de pertenencia, el espíritu reivindicativo, la apertura mental, la pluralidad, la modestia, la audacia, el afán emprendedor, la convivencia, la calma, el cuidado del patrimonio, la cooperación, la educación y el gusto por la verdad, entre otras virtudes.
Recobrado el aliento, uno se pregunta cómo semejante lista de maravillas puede caber en un simple signo matemático. Pero la cabeza de un creativo puesta en órbita es capaz de alcanzar cotas de inesperada polisemia.
Al parecer en la gestación de la campaña han participado varias decenas de personas con criterio y conocimiento, a las que imaginamos debatiendo en intensas sesiones de 'brainstorming' de esas que finalizan componiendo en la pared un mosaico de pósits de colores.
El inconveniente de este método es que suele dar casi siempre el mismo resultado: un cúmulo de tópicos complacientes para dar gusto a todos y no molestar a nadie. Resulta así que la singularidad de Pamplona reside en algo que no hay país, región, ciudad, barrio o aldea que no predique de sí mismo: busquen en Google la frase "lo mejor es su gente" y entenderán a qué me refiero.