"Anduve por Paiporta como resbalando y cayéndome por dentro, y ahora no se me va el barro de los ojos, ni la jindama de entrar en los garajes"

Publicado el 06/11/2024 a las 05:00
Anduve por Paiporta como resbalando y cayéndome por dentro, y ahora no se me va el barro de los ojos, ni la jindama de entrar en los garajes, ni aquella canción de Carlos Cano que se titulaba ‘la Morralla’. Que decía así: “¿Quién vive en casitas bajas, ‘encerraítos’ como en cajas, lo mismo que una mortaja y apretados más que un limón? A quién le comen las moscas, el tifus, la pulmonía, venga tajás de sandía para combatir la calor. Los primeros, los obreros, los lindos aceituneros, los bonitos jornaleros, la morrallita, señor”.
La post riada no tiene canción porque todo es el sonido de los rastrillos en el agua. Las inundaciones han venido con su carga de profundidad simbólica del barro, y remite a las raíces del pueblo que pisa la tierra, que habita en los adobes, en los charcos y en los barrancos que siega el diablo cuando quiere entretenerse.
Ni se han inmutado con el despliegue de voluntarios con fregonas y bolsas en los pies que fueron a secarle las lágrimas a una tierra entera, y los tratan de trumpistas y cosas peores. A la gente que protestaba la han tachado de ultraderechista. Digo yo que habría alguno y quizás un ultraizquierdista también. Pero ya se pueden hacer trampas al solitario que las formas injustificables remiten al hartazgo legítimo del pueblo -con perdón- abandonado mientras sus dirigentes jugaban al ajedrez de la culpa y braceaban por salvar su presidencial culo. Porque había un barro real, que yo lo vi, y el metafórico, que corría por la Carrera de San Jerónimo con ramas y piedras y ruedas de prensa flotando.
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La izquierda, a la que se le aflojaban los gayumbos con la primera algarada en cualquier país lejano y que iba por ahí moviendo su gigantesca guillotina con ruedas, ahora reniega de los enfadados. Como protestan contra un gobierno que dicen progresista, los arrinconan y los desprecian y los ponen de nazis. Ah, aquellos oligarcas del tercer Reich de la Huerta Sur con sus tractores aparcados en las casitas bajas de Carlos Cano, “¿Quién lleva cuatro pesetas, un chorizo en la maleta y apuntada en una libreta la estación de Dusseldorf?”. Ahora para ser legítimamente del pueblo tienes que ser de las juventudes de Sumar, comer las empanadillas de Carmena, regar el macetohuerto en la azotea de Malasaña, salir en una batucada y bailar con Errejón. Los de Paiporta son unos fachas.