De aquellos barros, estos lodos. ¿O qué esperaban?

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Yulen Garmendia

Actualizado el 04/11/2024 a las 18:58

Los gritos y momentos de tensión vividos en Paiporta el domingo al paso de la comitiva de autoridades son la voz desgarrada de un pueblo que pide auxilio desesperado y siente que el Estado, sus instituciones, no está a la altura, no ha respondido a la velocidad esperada y les ha dejado de la mano. El admirable abrazo y empatía de los Reyes con los afectados se queda corto para un pueblo que lo ha perdido todo.

La hondura del problema es preocupante, porque si ante el mayor desastre natural que hemos vivido como país, los afectados sienten que sus regidores les fallan (los testimonios son miles), entonces corremos el riesgo de que se abra una falla de hondura en los cimientos de nuestro Estado de Derecho que no nos podemos permitir. Esto, que es conversación ciudadana, no llega a una clase política actual miope, centrada en la búsqueda del poder y la permanencia en él a toda costa y en las luchas cainitas. ¿Se creen que el pueblo no lo ve? Entonces están más ciegos de lo que parece.

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En esta vorágine de la actualidad, me dirige la mirada con acierto mi compañera Marialuz a un suceso ocurrido en Navarra hace 100 años -¡cien, sí!- y publicado en el 'Diario en el Recuerdo' de este medio este pasado 1 de noviembre. En 1924, el Ayuntamiento de Villava dimitía en pleno al considerar que habían fracasado en las gestiones que habían llevado a cabo para lograr la reapertura de la fábrica de papel de la localidad. Casi nada. ¿Se imaginan algo parecido hoy? ¿Semejante asunción de responsabilidad por los regidores del pueblo? Pues eso.

El dichoso plan de regeneración democrática que vende a bombo y platillo el presidente Sánchez no son los bulos, las redes sociales, o las informaciones que tanto le inquietan y que provocan sus ataques de dignidad. Y retiros de cara a la galería. Su verdadera ocupación, la de toda la clase política, es que los ciudadanos no pierdan la fe en nuestras instituciones, que dejen de zarandearlas desde sus sillones… y que se remanguen ante una emergencia nacional. Que ni ahora han sido capaces, ni él ni Feijóo, de ponerse uno al lado del otro ante la que tenemos encima. Basta ya de comportarse como críos.

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