"Hay que dar nuevos giros de tuerca al postureo fotográfico tanto si aspiras a presumir de visitantes ilustres como si pretendes obtener pruebas de delitos"

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José María Romera

Publicado el 02/11/2024 a las 05:00

Los retratos fotográficos ya no son lo que eran. Con la democratización de la imagen han perdido su carácter de documento excepcional para convertirse en gestos cotidianos desprovistos de significado, marcas banales de paso que van a parar al caudaloso río de signos acumulados en el desván de nuestros dispositivos electrónicos. Cuantas más fotos nos hacemos, menos dicen de nosotros. De esta devaluación del retrato ni siquiera se libran las fotos con famosos, ese clásico de la mitomanía de baja intensidad. Antes eran codiciados trofeos de caza con los que lucir un simulacro de amistad, un amago de complicidad, una imprecisa pero concluyente cercanía con el personaje. Ahora, desde que se ha hecho costumbre que los elegidos desciendan a codearse con el vulgo, hasta el punto de ser ellos mismos quienes aprietan el disparador, como estrategia de imagen para ganarse la simpatía popular, apenas si esas imágenes certifican nada que no sea una azarosa coincidencia espaciotemporal. Ha dado que hablar recientemente una foto en la que vemos al empresario Aldama junto al presidente Sánchez a la salida de un acto político celebrado años atrás. Los grupos de la oposición y sus medios afines sostienen que la fotografía demuestra de manera concluyente una estrecha relación entre Sánchez y la trama de corrupción que ha llevado a Aldama a la cárcel por orden judicial. Las redes sociales, por su parte, se han encargado de rebajar este razonamiento al nivel del ridículo mostrando cientos de fotos que llevarían a conclusiones absurdas si se hiciera una lectura literal de las compañías retratadas en ellas. Vi el otro día una foto del chef de un afamado restaurante navarro-madrileño posando al lado de la reina Sofía, quien había acudido a cenar a su establecimiento. La estampa habría sido una más de las que estamos acostumbrados a encontrar en las paredes de tantos locales de hostelería a modo de álbumes murales, si no fuera porque el chef colocaba un brazo en el hombro de la reina en un gesto de insólita familiaridad. Se ve que la cosa promocional se está poniendo muy cruda, hay que dar nuevos giros de tuerca al postureo fotográfico tanto si aspiras a presumir de visitantes ilustres como si pretendes obtener pruebas de delitos.

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