La importancia de la comunicación entre profesorado y alumnado

Publicado el 08/10/2024 a las 05:00
Es un hecho que la comunicación entre profesorado y alumnado tiene un efecto relevante en el rendimiento académico. Cuando la misma es positiva, los resultados formativos, tanto culturales como éticos, son más exitosos y las dificultades de convivencia y aprendizaje se superarán sin mayores desavenencias; ambos, sin olvidar las familias, percibirán así, sin duda alguna, un agradecido estado de bienestar. Por contra, cuando la relación entre unos y otros es negativa emerge el rechazo, la apatía, la incomprensión, la desmotivación, en fin, la dejación mutua.
La tarea de establecer y mantener vínculos sociales favorables en el aula es compromiso de los dos actores principales citados, pues se espera de ellos actitudes de respeto y acercamiento. Cierto es que a veces tan esencial y loable propósito exige especiales cuidados, mas serán los educadores los que elijan las estrategias pedagógicas de solución a tal delicada situación.
Es, pues, el profesorado el encargado de proponer al alumnado una educación integral y guiarlo en sus ciclos educativos, máxime en los obligatorios. Particularizando en la edad entre 15-16 años, hemos de estar los navarros “relativamente” conformes por los resultados obtenidos en la evaluación PISA, publicada este año, en Matemáticas, Lenguaje y Ciencias, pues nos sitúa por encima de la media española, y en una estimación más específica del mismo diagnóstico referente a la “capacidad creativa”, tan preciada en el mundo empresarial, en la quinta posición después de las Comunidades de Madrid, Castilla y León, Galicia y Asturias. Ahora bien, queda en manos de los actuales y futuros responsables políticos y educadores sacar un poco más beneficio social y económico del potencial humano de nuestros jóvenes del que actualmente se consigue.
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Los rendimientos logrados constituyen un reconocimiento al trabajo entusiasta y empático de los docentes, a su preocupación por satisfacer las necesidades, las inquietudes y las expectativas de los estudiantes y al interés que muestran por diseñar actividades dinámicas, reflexivas y atractivas dándoles la oportunidad de expresarse y desenvolverse en libertad. Es la comprobación también de su flexibilidad para acomodarse a las innovaciones que van surgiendo en la oferta de técnicas educativas que facilitan el aprendizaje significativo.
¿Y el alumnado? Lo habitual es que manifieste una actitud cooperativa a las propuestas de sus educadores, pues tiene también metas personales que desea lograr con su ayuda. No le faltan deseos de cultivarse, de perseverar en el trabajo, de cumplir con las exigencias diarias que demanda el estudio, incluso de aclarar dudas conceptuales con sus profesores y de comentarlas con sus compañeros de clase.
Entiende que esta actitud hacia el trabajo en un clima de armonía emocional, lejos de críticas y juicios destructivos, de miedos y situaciones estresantes, es clave para alcanzar sus aspiraciones formativas, vivir los valores del centro educativo y favorecer la colaboración familiar.
No todo son frutos esperanzadores en los resultados escolares navarros. Las últimas estadísticas nacionales nos otorgan un 6,3% de abandono escolar. Es una referencia que tenemos que mejorar si aspiramos a la excelencia, si queremos que nuestros adolescentes salgan del sistema educativo más preparados para aportar saberes y valores a nuestro pueblo.
En este empeño, siempre nos encontraremos con factores que obstaculicen la satisfacción plena, como pueden ser, por parte de los educadores sus características personales, el desconocimiento de las circunstancias familiares de los escolares, el uso de un lenguaje demasiado técnico, engorroso o monótono en las explicaciones, lejos de la forma ordinaria y coloquial de expresarse y actuar de los jóvenes, y el proponerles actividades un tanto repetitivas y tediosas; por los educandos, las excesivas diferencias entre sus capacidades cognitivas y las dudas que tienen sobre la utilidad de los temas que estudian.
Para concluir, cabe insinuar que el inicio del curso escolar es un momento adecuado para que el “profesorado”, como organizador de lo que ocurre en el aula, se proponga fomentar una comunicación cercana con su alumnado no solo basada en contenidos programáticos sino también en lazos afectivos cordiales e involucrar a los padres en el plan de estudios de sus hijos. Y asimismo, es un momento oportuno para que el “alumnado” acepte participar con ilusión y responsabilidad en su proceso de aprendizaje y buscar el entendimiento en sus entornos formativos a través del diálogo respetuoso y sincero. Nunca echemos la toalla en este bello empeño. La mente humana es siempre tierra fértil para que germine en ella la semilla del conocimiento.
María Luisa Sanz de Acedo Lizarraga. Catedrática de Universidad en Habilidades del Pensamiento y la Creatividad
