"Seguiré disfrutando del gran actor que es Javier Bardem. Eso sí: sólo dentro de una pantalla de cine"

Publicado el 06/10/2024 a las 05:00
Javier Bardem tiene perfil de caballo quebrado, mandibular, la voz nasal no acompaña a su físico rotundo. Las facciones, como los ojos, saltan en detrimento de la simetría, y quizá eso lo aleja mucho de Brad Pitt, pero beneficia su capacidad actoral, que es mucha.
Su papel de psicópata en No es país para viejos se queda en la mente de las pesadillas del espectador, por citar sólo una lección de las muchas que ha dado en la pantalla. Esa capacidad aleccionadora, estrictamente artística, sale de la pantalla, se sube a un atril y se transforma en falso sermón.
Como cualquier ciudadano tiene derecho a expresar sus opiniones, aunque sean cansinas, previsibles y repetitivas, y no siempre respetables: ¡ah, esos brindis al sol! Pero estas opiniones, basadas en una autoridad que nadie le ha concedido, obligan a cierta consonancia personal.
En el Festival de Cine de San Sebastián se puso el cilicio para decir que estaba muy afectado por Gaza y que no tenía el cuerpo para celebraciones. Esa misma noche se lo quitó para cenar en el Akelarre, tres estrellas Michelín, a 350 euros el menú, sin contar las bebidas.
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Sus palabras flotaban aún en el escenario, “Tal y como está el mundo no hay nada que celebrar”, mientras degustaba un bogavante marinado con ensalada líquida de hierbitas del huerto.
El moralista que brama contra Israel no tuvo reparos en reservar una planta completa del hospital neoyorkino Monte Sinaí, centro sanitario para judíos pobres, como es sabido, a fin de que su mujer diera a luz.
Estas disonancias, por decirlo suave, nos hablan de un ego tan descomunal que confunde la calidad de sus actuaciones con la de sus opiniones. Nada dijo contra ETA cuando más llovía plomo, pero la difunta matriarca del clan Pilar Bardem, tuvo a bien entregar con sonrisa emocionada una rosa blanca a Jone Goiricelaya, entonces abogada de los terroristas.
Es muy sencillo distinguir el talento artístico de la vida personal. Seguiré disfrutando del gran actor que es Javier Bardem. Eso sí: sólo dentro de una pantalla de cine.