"Julián Muñoz, ‘Cachuli’ de mi Españita, se ha ido al cielo imagino que con los pantalones por el esternón, el bigotón, los dientes y el Mercedes de apoderado"

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Chapu Apaolaza

Actualizado el 24/09/2024 a las 23:40

Julián Muñoz, ‘Cachuli’ de mi Españita se ha ido al cielo imagino que con los pantalones por el esternón, el bigotón, los dientes y el Mercedes de apoderado. 

Todo hombre, en algún momento, debe renunciar a seguir las modas; esa es, al fin y al cabo, una manera como cualquier otra de respetarse y por eso me quiero imaginar al ex alcalde de Marbella, ex de Mayte Zaldívar, ex de la Pantoja y ex otras cosas, vestido con esos pantalones de tergalillo y la camisona, así como me gusta imaginar a Jokin Pascal saliendo de los toros con las J’Hayber del año de la polka, la bata de farmacéutico de la calle de Pío XII, un cubo que quizás sea imaginario, una pajarita al cuello y nada debajo.

  Prefería a aquellos alcaldes que trincaban de las recalificaciones de los PGOUS y no estos golfos de etiqueta de ahora que meten mano a las leyes, a las instituciones, a los presupuestos generales del Estado y por supuesto al CIS, que siempre justifica los medios. 

Había más honor en los malayos y compañía que en estos de ahora que te venden su latrocinio como si te estuvieran concediendo no sé salvación y que te choran por tu bien. 

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Prefería cuando solo nos robaban, pues bastaba con echar mano a la cartera y, al cabo de los días, uno comprendía que trincaran para el deportivo, el chalé inspirado en el Partenón, la romería del Rocío a caballo y la novia folclórica, pues las pulsiones humanas se hacen más entendibles que el resto de majaderías. 

Robar para gastárselo en mollate, en jamón y en fiestas con señoras en jacuzzis siempre resultó más perdonable, por ser más comprensible, que desviar para mantenerse en el poder. Robin Hood permite justificar las más tremendas fechorías y por eso hoy vengo a llorar al Cachuli, que se equivocó de mujer, de amante, de plan general de ordenación urbana y de época, pues si hubiera trincado ahora lo que trincó entonces, quizás lo indultaban lo amnistiaban, hacían de él un héroe y lo iban a ver a Suiza. 

Me quedo con aquellos días en que los ratones colorados y los mafiosos del mangazo estaban reservados a las revistas de la farándula y no ahora, cuando salen a darte lecciones en la Tribuna de Oradores del Congreso.

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