"Cuenta que su hija trabaja como MIR (médico interno residente) en un hospital de Madrid y que la dejan sola en muchas guardias"

Actualizado el 24/09/2024 a las 00:09
El dolor en el oído era tan intenso que se plantó en Urgencias en mitad de la noche. Desde pequeño había venido sufriendo episodios de otitis pero aquella vez era más fuerte y temió que le hubiera afectado al tímpano. La médico que lo atendió era muy joven. “Sí. Soy MIR”, dijo, confirmando su intuición. Lo examinó con el otoscopio y tras observar atentamente ratificó la inflamación y añadió: tienes hongos en el oído. “Voy a recetarte un antifúngico”.
-“De esto hace unos cuantos años”. El hombre que relata el suceso comparte con otro, cortado y garrote en la cafetería. El compañero de mesa le ha contado hace un momento, con preocupación, que su hija trabaja como MIR (médico interno residente) en un hospital de Madrid y que la dejan sola en muchas guardias. “A veces la pobre me dice que siente la inquietud del trapecista que se estrena en el circo a punto de precipitarse en el vacío…, “¡pero qué mal están las cosas!”, lamenta cariacontecido. Su amigo trata de calmarlo con el relato de su vivencia en Urgencias. “La Sanidad ha empeorado, han crecido las listas de espera, no hay médicos suficientes... La soledad de los MIR no es de ahora”, le dice para su consuelo. “Lo que te cuento hace un puñado de años. Aquella médica residente estaba tan sola como tu hija lo está ahora. Recuerdo que pasé varias horas en Urgencias y salí con mi dolor de oído y con la receta a las tantas de la madrugada a la farmacia de guardia en la calle Zapatería y al entregarla el farmacéutico me miró desconcertado y dijo:
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-¿Le han recetado a usted Canestén?
-Sí claro, para el oído, le respondí.
-¡No me lo puedo creer! ¿Quién lo ha prescrito?, insistió.
-Una doctora en Urgencias.
-Ahora mismo la llamo por teléfono. ¡No puede ser!
-¿Por qué?, le insistí con preocupada curiosidad.
-Me temo que no va encontrar el lugar donde ponérselo.
-¿No es para los hongos?
-Sí, para los hongos…, pero para los hongos vaginales…
Al amigo le da un ataque de risa. Su compañero cuenta que a la residente aquella noche el chorreo se lo echó el farmacéutico. El final de la historia le ha pillado con un trozo de hojaldre indeciso en su glotis y a punto está de atragantarse. Lo expulsa en medio de una carcajada compartida y yo que los escucho me cubro la cara con el periódico para disimular la risa.
-"Si te atragantas”, bromea su amigo, “yo te llevo a Urgencias”.